sábado, 30 de octubre de 2010

Fin de Semana en el DF y Querétaro

Esta historia comenzó un miércoles por la noche. R, el amigo de mi hermano me había completado una semana antes el pasaje de 766$ para viajar en ejecutivo hacia el Distrito Federal el día 29 de Sept. a las 9 pm; el miércoles del que les hablo. Llegué a la central acompañado por mis lovely parents, cargando mi mochila de viaje, un catre y una épica maleta de tela que mi mamá había confeccionado para que llevara sábanas y colchas al nuevo domicilio de mi bro. Ni prestos ni tardos abordamos el autobús, luego de que mi padre me ayudara con el equipaje y de despedirle con un abrazo.
No sé realmente si fue porque no soy un ejecutivo o cuál fue la razón, pero salvo el sandwichito caliente, las chips jalapeño y la botella de agua que me obsequiaron al inicio, el viaje de aproximadamente 11 hrs. me pareció muy incómodo y fraudulento para semejante cifra de dinero: el autobús olía mal desde que entramos, las pantallas eran muy pequeñas y desde mi asiento no alcanzaba a ver bien la que estaba más lejos, mientras que la más cercana me hacía doler el cuello por la posición en que me mantenía; la primera película, Coraline, nos la pusieron desde poco después de su segunda mitad, la siguiente fue Bolt y bah, se acabaron las películas; el asiento a pesar de ser muy grande no me hacía sentir comfy de ningún modo y lo peor de todo, el autobús se quedó varado durante cerca de hora y media a mitad de carretera, quién sabe por qué. Ni acompañado por mi celular equipado con playlist de viaje pude dormir la gran cosa, y creo que eso fue principalmente lo que me irritó.
Llegamos más o menos a las 8 de la mañana a la central del DF, luego de un tráfico no tan pesado y de ver colonias y colonias horribles por mi ventanilla, incrustadas a la fuerza sobre cerros desnudos y cruelmente rebanados. El día estaba más frío de lo que esperaba y mi chamarra parecía insuficiente, pero sólo mientras me adaptaba al nuevo clima. Mi bro nos encontró con facilidad extrema, cosa que no esperaría en un lugar tan concurrido, y no bien dijimos hola ya estábamos caminando a 7 u 8 km/hr (ahora que uso caminadora eléctrica puedo darme el lujo de saber estas cosillas, jijiji) hacia la estación de metro, que quedaba nada lejos. 

Ahí le metimos otro medio km extra de velocidad para poder alcanzar a mi hermano, quien nos empujaba y apremiaba para ir aún más rápido mientras nos preparaba, parafraseándolo, a encontrar las narices más grotescas jamás antes vistas, hasta añadiendo que seguro Greg Capullo se había inspirado en el DF para sus posteriores trabajos en Spawn y demases. Ya veremos, pensé. Tuve mi primera experiencia en el metro subterráneo y en general en un transporte público que fuera sobre rieles, y no estuvo tan mal; de hecho generalizando los viajes en metro fueron lo más soportable luego de los interminables recorridos en microbús y taxi. 

En fin, avanzamos entre ríos y cascadas de gente para salir de la estación y aventarnos a un microbús que nos dejó después por una calle, misma desde la que caminamos unas tantas cuadras para llegar a casa de las primas, ésas con las que mi bro se está provisionalmente quedando. Llegamos flashly, R y yo casi jadeando por el ritmo con que nos traía el vato, convencidos de que los mexiquenses no tenían cómo tender a la obesidad con esas condiciones de vida. Entramos también flashly a dejar el equipaje, tristemente metí al refri los tamales que mi lovely mom nos había hecho porque no tendríamos tiempo para desayunar, medio nos dimos una arreglada y salimos even faster a tomar un taxi que nos llevara a donde un compañero de trabajo de mi hermano. Por el camino pasamos el ángel de la independencia, un monumento de Diana Hunter (uno de tantos en el país), el palacio de los deportes, muchos museos y lugares turísticos que encantado me hubiera bajado a visitar, pero íbamos con prisa, así que no sería sino hasta otra ocasión. 


Nos bajamos en una avenida céntrica y nos pusimos en marcha a buscar el depto. del susodicho. Mi bro no sabía bien cómo llegar así que dimos varios rodeos antes y hasta nos encontramos con la agradable sorpresa de ver (flashly) una demolición de un Burguer King; en el lugar fue bastante cómico escuchar a un tipo hablando por celular, diciéndole a su interlocutor “no, es que o sea, ya es irremediable” o algo así. Ya cuando dimos con el sujeto que buscábamos, tomamos otro taxi que nos llevó hacia casa de otro fulano, aquél que rentaría un departamento a mi hermano y con quien éste apenas iba a hacer contrato.
R y yo nos quedamos afuera de la casa mientras ellos hacían sus trámites, y esperamos una cantidad de tiempo muy dolorosa tomando en cuenta mi casi estado de inanición. Con todo, vi a un nada despreciable tipo que a su vez echaba miradas hacia nosotros a través de sus gafas oscuras mientras se volcaba unas gorditas con una mano y con la otra sostenía la correa de su perro french poodle, en la esquina más próxima de la cuadra. Dejé a R para caminar hacia allá, acercarme al tipo, curiosear, deshacerme del aburrimiento y olvidarme del hambre. Resultó que cuando pasé me di cuenta que el vato estaba sentado cruzando las piernas muy gayly, traía unos tenis prácticamente de niña, y me devolvió sin pena alguna todas las miradas que le espeté, sin dejar de platicar con un sujeto mayor y decididamente maricón (pude notar por su voz). Di vuelta a la esquina y luego regresé esperando barrer y ser barrido de nueva cuenta, cosa que sucedió. 
(obvio no es éste, pero no le tomé fotos u.u; más o menos así sería sin playera, I guess)
No me la creía, el vato estaba absolutamente bueno, de una estatura de 1.85 aprox., piel morena clara, brazos y pectorales marcados, torso largo, cabello negro desaliñado, barba sexy, facciones atractivas, frescos labios rosados, trasero firme; algún defecto debía tener, ¡seguro era bizco tras esos lentes! Cuando regresé a lado de R él quiso ir a buscar una tienda y anuncié felizmente que había encontrado una, adivinen dónde, justo al doblar la esquina. Nos dirigimos hacia allá, y tanto de ida como de vuelta el individuo no dejaba de verme ni yo a él. Ni de lejos nos olvidábamos, así que yo empecé a idear algún plan para llegarle al tipo. Pero pensé que con la prisa con que según estábamos ahí, mi bro en cualquier momento saldría y me llamaría a seguir en su desquiciada carrera por las rutas mexiquenses. Pensé en sólo darle mi número y luego quedar en verlo en algún lugar público, pero luego creí que no sabría andar yo solo y en el intento entorpecería todos los planes de mi hermano. Con todo, fue más irracional que otra cosa aquello que me hizo no aprovechar la oportunidad, es decir, más allá de las dificultades que hipotéticamente tendría para armar algo con el vato, fue mi inconsciente quien me saboteó y paralizó, no la razón. En fin, cuando terminó de comer se levantó, se despidió de su fagot friend y se marchó llevándose con él las esperanzas de satisfacer a mi libido.
Pasó otro buen rato que R y yo ‘aprovechamos’ platicando videos de youtube antes de que mi bro y su compañero salieran apresuradamente para dirigirnos ahora sí a sus oficinas de trabajo. Conseguimos un taxi hacia Santa Fé, pero por malos entendidos que nunca sabremos a qué se debieron (mi hermano dice que el taxista estaba sordo o mentalmente retrasado) llegamos al desierto de los leones, un hermoso lugar frío que olía delicioso a pino y que tenía finta de bosque de película hollywoodense. Lamentablemente ése no era nuestro destino, así que tuvimos que alejarnos y retomar la ruta hacia Santa Fé. Llegamos luego de un buen rato al edificio donde G (siento que estoy repitiendo demasiado “mi bro” y “mi hermano” así que ahora también será “G”) labora, y aunque R estaba terco de llegar a visitar sus oficinas, impuse mi hambre ante cualquier otra situación. G nos envió a la plaza comercial cercana para que buscáramos algo de comer y dijo que a las 4 ó 5 nos iría a encontrar, así que nos separaríamos de él mientras estuviera trabajando.
Si bien el lugar estaba a escasas tres o cuatro cuadras, nos tomó algo de tiempo hallar el camino hacia éste ya cuando lo teníamos frente a nuestras narices, pues no aparecía visible de ningún modo desde donde nos encontrábamos. 


No sé si por intuición, R nos condujo a un cuartito de lo más equis, sin anuncios ni nada, que sin embargo tenía unas escaleras hacia el estacionamiento de Liverpool. Una vez que salimos de dicha tienda vagamos entre los demás establecimientos buscando un buen rato el piso de fast food, sin much éxito. Tal vez después de unos 20 minutos dimos con el lugar. Me pareció muy detestable la estrategia con que los negocios competían unos con otros, mediante 2 ó 3 empleados que bombardeaban a la gente repartiéndole volantes a discreción y explicando cómo armar combos y demás mamadas, cosas que ya estaban impresas en los mismos anuncios y menús fijos de los locales; I mean, lo que me molestaba era la contaminación de papel que suponía aquella mercadotecnia, y la invasión a mi espacio y a mi libre, introvertido y perezoso tiempo de decisión. :I Terminamos eligiendo bufé de comida china, que si bien estaba muy rico, tenía un precio desproporcionadamente alto para ser una ración que apenas me llenó en un 70%. Yo pagué, así que quedó saldada mi cuenta por el boleto ejecutivo que R me completó. Cuando terminamos nos dispusimos a vagar mientras hacíamos tiempo, y fue así como llegamos a la Apple Store. 


En seguidita estaba Mixup, y sólo Dios sabe la sorpresa que experimenté allí al adentrarme a la sección “metal”. No esperaba para nada encontrarme discografías completas de mis bandas favoritas, ahí estaba la de Leaves’ Eyes, la de Epica, sencillos raros de Tristania y el nuevo disco de la misma banda, el digipack del nuevo disco de Tarja…, el nuevo disco de la nueva banda de Floor :D, Revamp; tomé este último prácticamente convencido al instante de que lo compraría. Luego me puse a buscar Black Symphony de WT, que también encontré, pero estaba en quinientos y cacho: no lo completaba. Después de ver tristemente que no podría comprar más de un disco y mientras R también se perdía en sueños entre películas y demás salimos de la tienda, yo con Revamp en mano y mi acompañante con la promesa de volver al día siguiente a comprar unos cuantos artículos. 


Entre tanto, le envié un sms a mi bro para decirle que queríamos visitar sus oficinas antes del concierto, así que preferíamos alcanzarlo a que él a nosotros, y al rato me respondió que a las 4:30, pero demasiado tarde, pues para entonces ya habíamos llegado a la primera planta del edificio donde se encontraba la empresa. Faltaban unos diez minutos para las 4. A pesar del mensaje y mis advertencias, en un arranque de terquedad y estúpida estrechez cerebral R pidió que se avisara a G que ya habíamos llegado y queríamos pasar. Total, nos pasaron. Como supuse G se molestó porque llegamos antes, así que nos condenó a pasar el tiempo restante, que ahora vociferó sería hasta las 5, arrinconados en una mesita sin estímulos; aunque eso sí, antes nos presentó muy formalmente a sus compañeros de trabajo. Uno de ellos, a quien llamaré C, me pareció algo atractivo; más adelante comentaré un poco más de él, máxime porque nos acompañó al concierto… ¿a cuál concierto? ¡Pues al de KISS! Oh, sí, se me había pasado comentar que el propósito principal de este viaje era precisamente el de asistir al concierto que KISS daría el jueves 30 de septiembre en el palacio de los deportes, es decir la noche de este acarreado día.
            Salimos R, G y yo de las oficinas e hicimos un tiempo considerable de camino para llegar al lugar donde se daría el espectáculo a las 9 pm. Cruzamos un puente peatonal y desde las escaleras de éste hasta la entrada al sport palace, recorrido comprendido por más o menos unos 300 m, se extendía todo un tianguis pirata de chucherías con motivos KISSeros, abarrotadísimo por cientos (tal vez miles) de sujetos que iban y venían con sus camisas, maquillaje, pulseritas o cualquier otra cosa alusiva y que los hacía distinguirse del resto de la gente por su apariencia que claramente anunciaba irían a un concierto. 


Nos metimos por la sala 6, que era para los que teníamos boletos de pista ;D, nos encontramos al cabo de unos minutos con C y alrededor de las 9 nos metimos de lleno al palacio, haciéndonos lugar en una décima o doceava fila imaginaria. Había unas chicas sexies tocando algo tipo rock n’ roll con vocalista contralto o mezzo a lo sumo. Sólo alcanzamos a escuchar una canción de ellas y luego entró una banda creo que gringa, The Envy, la cual fue súper abucheada y violentada por la enfurecida y patana audiencia (casi en su mayoría), la cual aparentemente deseaba pasar otra media hora sin hacer nada en lo que entraba KISS. Si bien estoy de acuerdo en que la banda esa tenía absolutamente nada que hacer como telonera de los Kaballeros Inducidos al Servicio de Satanás (sic.), pues tenía toda la finta de una teen rock band, por unos minutos me pareció detestable la actitud de la gente a mi derredor, en gran parte porque nada haría que KISS saliera antes…, pero equis, al cabo de un rato pude disfrutar de una que otra canción de The Envy y reírme de uno que otro comentario mamón vociferado por la audiencia o uno que otro proyectil cayendo sobre los desubicados americanos. Creo que eran como las 10:00 cuando cayó el telón y en las pantallas se anunció a los miembros de KISS caminar desde los camerinos hasta el escenario. El baterista comenzó a tocar y luego, en una visión alucinante, colorida, casi psicótica entraron Paul Stanley, Gene Simmons y Tommy Thayer sobre una plataforma que los dejó tocando y cantando Modern Day Delilah.

A grandes rasgos el show, que era más un espectáculo que un concierto, sin que esto connote algo negativo, duró cerca de dos horas, fue realmente increíble; sólo he ido a otros dos eventos musicales internacionales, Within Temptation y Aerosmith, y sin titubear puedo decir que éste ha sido con creces el mejor. Con gran regocijo vi, disfruté y grité todos los clichés de la banda: Gene escupiendo sangre y luego elevándose sobre las luces para cantar I Love it Loud; Paul volando sobre el público (lo tuve a unos dos metros encima de mí! :D) para cantar en otra plataforma una versión pesada de I was Made for Loving You (de mis favoritas de la noche); el mismo Paul hablando en español y cantando uno que otro pedacito de canciones hispanas (cucurrucucúúúú); el Spaceman arrojando fuegos artificiales de la punta de su guitarra y otra divertidísima que no me sabía: Eric Singer sacando una bazooka y deribando pequeña parte del escenario con su pirotécnico disparo; las clásicas canciones: Deuce, Love Gun (que fue la que más disfruté, haciendo headbanging al ritmo de la batería lml), Detroit Rock City, Firehouse con todo y Gene escupiendo fuego, Black Diamond, etc.

         Grité “yeah!”  y “woooo!” como mil veces, y es que fue sensacional que Paul, el vocalista principal, ha sido además el mejor animador que he conocido, haciéndonos desgarrar la garganta cada que tenía oportunidad, a tal grado que cuando faltaban unas 5 ó 6 canciones yo ya estaba que me moría por que se acabara el concierto, destrozadas como estaban mis cuerdas vocales de tanto responder sus preguntas y exhortaciones a rockear. Grité cada mamada que se me ocurrió y en cada voz que se me pegó la gana, y no supe si fue una idea delirante de referencia o si de verdad sucedió, pero me dio toda la impresión de que un sujeto rubiecito con apariencia emo-fresh que nada tenía que hacer en un concierto de KISS (a lo mejor iba a ver a The Envy), que estaba a un lado y un poco enfrente de mím volteaba a verme en repetidas ocasiones entre divertido y extrañado; en un punto se acomodó más cerca de mí y con su celular (vi claramente) según el muy sordeado se puso a grabar sonido, es decir, sin video, supuse que para captar las estupideces que yo gritaba, aunque como digo tal vez sea puro delirio el mío. Total que en caso de que ése hubiera sido el caso, permítaseme la redundancia, decidí tomar venganza al acabar el concierto, pasando por detrás de él y propinándole El Llegue más extremo que haya recibido en su vida (con ropa). Casi lo violé allí, aunque en todo caso se veía medio jotinga, así que muy muy mal no creo que la haya pasado.




         Prácticamente se despidió KISS y nos empezamos a movilizar para salir del palacio, así sin gritar “otra, otra!” y sin expectativas de que regresara ni nada, supongo que porque habíamos quedado muy satisfechos. Afuera yo y mi bro medio compartimos disfónicas experiencias en lo que encontrábamos a R. Una vez reunidos, nos entremezclamos de nueva cuenta con los ríos de kisseros para salir del lugar, parándonos aquí y allá en lo que G, C y R buscaban souvenires que les convencieran. Creo que fue entre todo ese tumulto que C me empezó a parecer sumamente atractivo, enchamarrado en aires de indiferencia y badassness, alto, de cabello mal peinado y parándose en poses de galán que no sabe que lo es. En fin, desafortunadamente tomamos taxis distintos separando así caminos con él, quien antes de marchar llegó apresuradamente a nuestro vehículo pidiendo 5 pesos que le hacían falta para completar la exorbitante cifra típica de pasada la media noche; no bien había terminado de pedir el dinero ya tenía yo una moneda de diez pesos saliendo por la ventanilla del copiloto, muy en plan de “toma…, nonono, al contrario gracias a ti, sísísí, de antemano :E”.
Llegamos a la casa de mis primas y todavía no me salía más que un hilo de voz gravísima, más que la de costumbre. G sugirió que nos acostáramos de una vez pues en no muchas horas (eran pasadas de las 2) tendríamos que levantarnos para ir a su trabajo, pero ni madres, en todo el día no me había comido más que un deficiente platillo bufé y el refri estaba lleno de tamales, así que me hice de un asqueroso comal para empezar a calentar los míos, y así, esquivando polillas y otros insectos no más agradables tomé un asqueroso vaso que medio tallé con la asquerosa mezcla que supuse era el jabón lavatrastes, teniendo de esta forma una aun así rica y provechosa cena antes de ir a dormir.
         Puf, ya me cansé de escribir y rememorar. Bueno, pronto les traigo una segunda y tal vez tercera parte de esta reseña. :D 

Intermezzo

Qué delicioso es tener éste, mi propio sitio, que es como mi casa cibernética, donde me siento tan a gusto rodeado de lo que yo mismo he moldeado. De solo estar aquí, con la página abierta, me siento tan Éddy.
Pronto, reseña del viaje a DF y Querétaro.