martes, 28 de junio de 2011

Metatexto

Mi gusto por la lectura creo que inició antes de aprender a leer, siendo yo un preescolar con mucho tiempo libre y una muy pequeña pero jugosa biblioteca a mi alcance. Ésta consistía en los libros de derecho de mi padre, diccionarios y algunos otros que no alcanzo a recordar, todos carentes de genuino estímulo para mi párvulo cerebro, excepto una enciclopedia de Reader's Digest constituida por 12 tomos, cada uno de los cuales traía una o varias secciones laminadas en color con ilustraciones muy atrayentes cuyos nombres quería conocer. Luego mi hermano se empezó a hacer de revistas de videojuegos (aún conservamos nuestra colección de Club Nintendo, una publicación mensual que recolectamos religiosamente desde junio del 96 hasta algún mes del 2003 ó 2004, pasándosenos apenas dos o tres ejemplares) que yo leía con casi tanta avidez como él. Me acababa los cuentos de los libros de texto de Español en la primaria y en la secundaria no mucho tiempo después de que recién me los entregaban. Me metí al mundo de los comics arrastrado por lo que compraba mi hermano y que invariablemente llamaba mi atención; así, periódicamente leía Spawn (también existe todavía una colección nada despreciable de esta tira en los cajones de mi bro) y esporádicamente especiales de Marvel como Spiderman vs Venom, de DC como La Muerte de Superman y de Image como las innumerables sagas alternas de Spawn (The Dark Ages, Hellspawn, Sam & Twitch, Curse of Spawn... definitivamente mis favoritas). Paulatinamente yo mismo invertía mis domingos en lecturas pueriles que me interesaban, como tiras cómicas de Garfield y cuentos (muy chafas) de terror, de esos que venían y vienen todavía reunidos en compilaciones, con portadas llamativas por caligrafías espeluznantes y ojos brillantes en fondos oscuros.
En sexto de primaria leí mi primera novela, Flores en el Ático, que me prestó una compañerita luego de que la maestra de grado nos la platicó; era un libro inmenso y viejo que se deshojaba en mis manos, pero muy entretenido y emocionante, conmovedor hasta las lágrimas. No lo leí completo porque estábamos por salir de la escuela y la dueña lo reclamó de regreso, así que me tuve que saltar unas decenas de hojas aquí y allá hasta llegar al final. Después de buscarlo por años en las 2 ó 3 tristes librerías que había en Vicky Ranch, un día no sólo apareció frente a mis narices, sino que lo hizo acompañado por nada menos que cuatro secuelas. Sin pensarlo demasiado me los compré todos con el dinero de mi beca y los devoré ahora sí sin saltarme una sola página. Pero regresando al punto donde me quedé, luego de Flores en el Ático vino otra tragedia a mí, El Diario de Anna Frank, que leí como encomienda en Historia Universal el primer año de secundaria. Después de eso decidí que me gustaban las novelas, hecho que informé a mi mamá en busca de patrocinadores :); mis primeras adquisiciones fueron El Sueño de Joanna y 20,000 Leguas de Viaje Submarino, la primera me fascinó y la segunda me aburrió a muerte y me cagó por el irrespeto que representaba a mis ideales ecológicos de entonces, así que no la terminé de leer; a éstas siguieron Christine y Cujo, ambas muy disfrutables novelas de terror del señor Stephen King, a quien ya admiraba por las películas adaptadas de sus libros, Eso y Pet Sematary (los cuales leí años después, el segundo en inglés). Mientras tanto no dejé de lado los comics de mi bro de Thundercats, Batman, Spawn, Transformers, Street Fighter, etc. y hasta me leí un manga completo que le prestaron, Love Hina; seguíamos más o menos asiduos de Club Nintendo y empezamos a comprar también religiosamente Mascotas Felices, yo inicié mi devoción a otra publicación períodica: Cartas de Combate, nos hacíamos también de vez en vez de revistas de interés general, principalmente Quo y Conozca Más.
Al entrar a bachillerato aumentó mi lectura exponencialmente, leyéndome más o menos una novela cada mes. Siempre estaba oculto tras un libro para evitar el contacto social, hecho que no lamento pero que a estas fechas no sería capaz o acaso deseoso de repetir. Como fuera, no resultó del todo ni en aquel entonces, pues una compañera precisamente se interesaba en mí y mis libros: me pidió prestados muchos y me devolvió el favor al cuadrado: gracias a ella leí a Nietzsche por primera vez (de hecho una versión breve de Así Hablaba Zaratustra) y con ello inició mi muy fugaz gusto por la filosofía, también ella aportó a mi iniciación en el mundo de la psicología con un muy ameno libro que más bien era de desarrollo personal (El Despertar del Mago); por si fuera poco, esta chica tenía suscripción a National Geographic y a Muy Interesante, suscripción que yo también gocé por casi dos años, pues cada ejemplar me era prestado sin excepción. Por mis años mozos de prepa también empezó mi amor hacia quien es ahora mi autora favorita, Anne Rice, cuando un muy querido amigo me prestó Entrevista con el Vampiro, el primero de los diez libros que componen Las Crónicas Vampíricas, saga que he leído desde entonces disfrutándola a puntos sublimes y al ritmo adecuado, intercalando con otras novelas de corte distinto: de hecho apenas voy en el séptimo libro. Como no es difícil de suponer, me adentré un tanto en lecturas vampíricas, lo cual me condujo sin querer a los relatos eróticos (suelen ir ambos temas muy hilados) de Nancy Kilpatrick, otra autora fregonsísima a mi gusto. Regresé de un modo más elegante a los cuentos de terror, ahora de la mano de H.P Lovecraft (autor de mi favorito: El Color que Cayó del Espacio) y por otro lado mi lectura de comics y revistas en general fue disminuyendo hasta casi extinguirse, siendo que mi hermano dejó de comprarlos de manera paulatina y yo estaba interesado en otros textos.
Con la universidad se me abrió un mundo de posibilidades a un costo muy grande. Era y sigue siendo tanto el material de estudio de mi carrera, que mi oportunidad de leer novelas a una por mes menguó al grado de una o dos al año. Además, con mi emergente gusto y necesidad de socialización el tiempo que podía dedicarle a la lectura en general era más escaso. De pronto a pesar de que me seguía atrayendo mucho, leer no me entretenía tanto, El material didáctico que leí de Psicología lo hice en fragmentos, sin terminarme las obras completas, aunque esto fue más bien porque los profesores nos armaban antologías con libros tan de aquí y allá que no alcanzaba a grabarme los títulos ni los nombres de los autores, salvo rarísimas excepciones que enlisto al final.
Actualmente he desarrollado la facilidad para leer varios libros a la vez (seguro muchos lo hacen, pero yo no solía poder/querer empezar uno sin terminar antes el otro), y como mis clases son cada vez menos mis oportunidades de darles seguimiento se han incrementado. Los comics están definitivamente en el pasado y las revistas tal vez sólo en la peluquería o en la casa de mi abuela, sin embargo ahora leo mucho en internet, pues a saber que este riquísimo medio de posibilidades lo tenía sin explotar por la falta de costumbre de leer en una pantalla; ahora que tengo el hábito, leo muchos artículos sueltos aquí y allá de temas varios... también paso tiempos largos en Wikipedia, lo confieso.

Pues bien, desde hace algún tiempo quería hacer una Entrada con la lista de lo que he leído a lo largo de mi existencia, con la premisa de que parte importante de mi filosofía, personalidad y vida interior es influida por las lecturas que he realizado y a su vez mi filosofía, personalidad y vida interior influye en las selecciones de lecturas que hago (hablo en singular, pero seguramente a muchos más les ocurre); siendo entonces que de sólo mencionar qué libros gusto, pueden intentar adivinar cuáles son mis intereses, preocupaciones y deseos más íntimos. Sin más qué agregar, he aquí la lista de libros que me he aventado.


NOVELAS

Montando la Bala - Stephen King
Christine - Stephen King
Cujo - Stephen King
El Fugitivo -Stephen King
Eso - Stephen King
Pet Sematary - Stephen King
Drácula - Bram Stoker
Sombras en la Noche - Maggie Shayne
Entrevista con el Vampiro - Anne Rice
Lestat, el Vampiro - Anne Rice
La Reina de los Condenados - Anne Rice
El Ladrón de Cuerpos - Anne Rice
Memnoch, el Demonio - Anne Rice
Armand, el Vampiro - Anne Rice
Merrick (voy cerca de la mitad :P) – Anne Rice
La Momia de Ramsés el Maldito - Anne Rice
El Sueño de Joanna – Barbara Wood
Historias de Vampiros – Nancy Kilpatrick
El Descendiente de la Oscuridad – Nancy Kilpatrick
El Señor de Los Anillos: La Comunidad del Anillo – J.R.R Tolkien
El Señor de Los Anillos: Las Dos Torres – J.R.R Tolkien
El Señor de Los Anillos: El Retorno del Rey – J.R.R Tolkien
La Bruja de Portobello – Paulo Coelho
Resident Evil: La Conspiración Umbrella – S.D Perry
Resident Evil: La Ensenada Calibán – S.D Perry
Resident Evil: La Ciudad de los Muertos – S.D Perry 
El Señor de las Moscas – William Golding
La Canción del Mirlo – Jennifer Lauck

Flores en el Ático - V.C Andrews
Pétalos al Viento - V.C Andrews
Si Hubiera Espinas - V.C Andrews
Semillas del Ayer - V.C Andrews
Jardín Sombrío - V.C Andrews
La Casa de los Espíritus – Isabel Allende
El Hijo de Rosemary – Ira Levin
Vida con Mi Viuda - José Agustín
La Tumba - José Agustín
De Perfil - José Agustín
20,000 Leguas de Viaje Submarino (incompleto) - Julio Verne
El Conde de Montecristo (incompleto) - Alejandro Dumas
La Divina Comedia (incompleto) – Dante Alighieri
El Retrato de Dorian Gray (versión breve) - Oscar Wilde
Don Quijote de la Mancha (versión breve) – Cervantes Saavedra
Un Mundo Feliz – Aldous Huxley
Fausto - Goethe

CUENTOS
La Sombra sobre Insmouth – H.P Lovecraft
El Ceremonial -H.P Lovecraft
La Ciudad sin Nombre - H.P Lovecraft
El Terror de Dunwich - H.P Lovecraft
En las Montañas de la Locura - H.P Lovecraft
El Color que Cayó del Espacio - H.P Lovecraft
La Llamada de Cthulhu - H.P Lovecraft
En la Cripta - H.P Lovecraft

LITERATURA CIENTÍFICA O DIDÁCTICA
Manual de Psicoterapia Breve, Intensiva y de Urgencia - L. Bellak
Psicoterapia Breve y de Emergencia – L. Bellak
La Interpretación de los Sueños – S. Freud
La Entrevista Psiquiátrica (incompleto) – Harry Stack Sullivan
Técnicas de la Entrevista Psicodinámica (apenas la he empezado :P) – Isabel Díaz Portillo
Elaboración de Cartas Descriptivas – Antonio Gago Huguet

OTROS
El Despertar del Mago – Jaramillo Loya
Introducción a la PNL (estoy por terminarlo) – Joseph O' Connor et al
Así Hablaba Zaratustra (versión breve) – Friedrich Nietzsche
El Anticristo - Friedrich Nietzsche
La Transformación - Franz Kafka
Guía para la Vida – Matt Groening
El Diario de Anna Frank - ...




Si mi memoria no me falla esos deben ser todos.

sábado, 25 de junio de 2011

D;

Me encuentro algo confundido, afables lectores. Probablemente sea una suerte de crisis existencial, probablemente se me pase para mañana, lo que es seguro es que el venir aquí a escribir lo que estoy sintiendo y pensando me ayudará; siempre lo hace.
Tal vez tiene que ver con el proceso de psicoanálisis que inicié el 3 de junio. Ese día por fin me convertí en paciente, a mi 9° tetramestre en la carrera de psicología (si bien había programado que empezaría en 8°, qué valen los planes después de todo), a mis 20 años, sin una cuestión apremiante más que el hecho de querer empezar mi servicio social con menos telarañas en la cabeza, con una mayor conciencia de mí mismo. Me sorprendí por el hecho de estar sujeto al psicoanálisis sin habérmelo propuesto, me sigo sorprendiendo, y es que mis no letrados en psicología lectores, Psicoanálisis y Psicoterapia no es lo mismo, el primero es un proceso en general muy largo y profundo, inigualable en calidad y efectividad por ninguna otra psicoterapia; la psicoterapia puede tomar varias formas o vertientes según sea la preparación teórica del psicólogo (el caso del psicoanálisis es una (o más) especialización(ones) que le otorga al profesional el título de psicoanalista). Digo que estoy sorprendido porque según yo, como estudiante tomaría una terapia breve (de algunos 4 meses), y sería hasta estar trabajando como profesional de la salud mental que iniciaría un psicoanálisis, ya cuando yo me lo pudiera costear, a saber que tiene fama de ser caro, pero resulta que encontré una gran oportunidad económica que decidí no dejar pasar. En mi psicoanálisis llego y la terapeuta no me hace preguntas, o al menos no como uno esperaría en una conversación normal, tampoco como en una entrevista, sino que espera a que hable de lo que quiera por donde quiera empezar, no me da rumbo sino que sigue el mío, interviene sólo cuando ha de hacer las interpretaciones pertinentes, cuando estoy listo para escucharlas. La terapeuta hace señalamientos y pide aclaraciones, de vez en cuando pregunta muy como no queriendo la cosa, háblame de equis persona o situación, y entonces empiezo con mi letanía de tragedias y se me escurre la sesión por la boca hasta que se acaba y me quedan muchas cosas por decir, pero cuando me pregunta si hay algo más que quiera agregar a la sesión digo que no, pues si vuelvo a abrir la boca ocuparé otra medio hora para acabar. Llevo tres sesiones apenas, ya habrá de aflorar mi inconsciente en las próximas, de momento me he entretenido hablando primero de las cosas que me preocupan, luego las que no he superado; he hablado de mi temor a morir, del conflicto que me causa no saber cómo compaginar mi vida romántica con la familiar, en especial las aprensiones que me surgen mirando al futuro, de la muerte de Megan, una chihuahua de 4.5 meses de la que nunca les hablé, del shock que fue mi coming out con mis papás, de mi vida amorosa, de cómo acepté mi sexualidad, de cómo he vivido distintos duelos, entre otras cosas que me cuesta recordar. Confirmé la visión de una alucinación cuando tenía 18 años, reafirmé mi decisión del objeto sexual, me empecé a perdonar por las acciones que no tomé y que pudieron salvar a Megan, reforcé un poquitín la idea de que no importando qué tanto falle a las expectativas de mis padres, ello no me hace desmerecedor de lo que me han procurado, y acaricié la sugerencia de la psicoanalista, que probablemente busco y gusto de que me lastimen emocionalmente (!), la acaricié con mucho recelo. Otra cosa que he tenido que reflexionar es mi superficialidad inicial al momento de elegir pareja, pero he concluido (más o menos) que no es necesariamente un defecto, después de todo lo que busco no es un Ken o un Brad, sino alguien que se ajuste a mis propios ideales de belleza, los cuales no son irreales ni demasiado escasos... aunque ni mucho menos, pero vamos, será tipo un reto (...). Por último hay un asunto que el proceso psicoanalítico me ha recordado, y es que hay algunas cosas que no me gustan de mí. La psicoterapia, sea cual sea su orientación suele presentar una curva, inicia bien, en ascenso, luego descubres ciertas cosillas que no te agradan y que te hacen observar con mayor intensidad los aspectos negativos... la curva desciende, pero al final, enfrentando los obstáculos y dificultades de ese descenso, inicia la cuesta arriba. Siendo psicoanálisis me parece demasiado pronto para empezar a sufrir los vericuetos de la curva, por la duración del proceso ésta debería estar tan alargada que apenas los sentiría, pero tal vez es cierto que ya empezó el descenso, que ya estoy cerca del fondo o a lo mejor tiene poco que ver con psicoterapia lo que en este momento experimento; después de todo mientras estaba en el consultorio me sentía bien:  la confusión y sentimientos negativos surgieron con fuerza hace apenas unas horas.
¡Ah! Me jode que existan cosas que no me gustan de mí, me avergüenza confesar que no he logrado ser tan feliz como antaño, ¡que no he logrado vivir con la pasión que deseo! Que a veces la pasividad me traiciona y sabotea mi actuación. Ojalá haya algo inconsciente detrás de todo esto, ojalá lo descubra y la luz que arroje me haga más fuerte y feliz.