viernes, 14 de diciembre de 2012

Ever Dream


¿Recuerdan que andaba yo perdido, sintiéndome un desvalido moralmente vacío? Pues bien, algo de eso ha cambiado. No me siento del todo listo o acaso con derecho para decir que sostengo ahora alguna ideología, pero al menos creo que mi relativismo ha muerto casi en su totalidad. 
Les había contado un poco ya, en mi entrada Mi Vida Mañana y aparte otro tanto en la del legado de Anne Rice, con respecto a la línea que seguiría para echarme a mí mismo al hombro y sacarme adelante; les había contado de la biblioterapia en la que me sumergiría y de los planes laborales y geográficos que tenía, de los sueños que me acompañaban. Como siempre, las cosas no resultan justo como las planificamos, unas salen mejor y otras peor de lo que pensamos.
Una vez que terminé las crónicas vampíricas, me pregunté seriamente cómo le haría para conseguir el libro autobiográfico de Rice. No lo encontré en las páginas de las librerías importantes del país, como para encargarlo, y tampoco quería bajarlo ilegalmente. Luego me puse a investigar al Kindle de Amazon, ese aparatillo maravilloso para leer ebooks, y desde luego, la versión americana del libro que buscaba se encontraba en su vastísima librería virtual. En ese instante empecé a decidir que quería un Kindle, idea que me fascinaba pues implicaba  varios pájaros de un tiro: no consumía más libros de papel (lo que significa más árboles en el mundo), recibía algunas bondades de la tablet con un porcentaje bajísimo de uso de energía y de paso me actualizaba aunque fuera un poco en tecnología (todavía no le entro a los androids ni a lo touch mucho menos x.x); aparte era una inversión que en cierto grado me obligaría a mantener el hábito de la lectura más que fresco. Total que con esa compra en la mira me hice de una cuenta bancaria en banamex y de una tarjeta que supuestamente me permitiría hacer todas las transacciones financieras electrónicas que fuera a ocupar en adelante, y es que habiéndome yo iniciado con buen paso en el mercado laboral, parecía que iban a ser muchas. Pero luego se me hizo más que complicado juntar el dinero necesario para el Kindle y además no bajar del saldo mínimo requerido para que mi cuenta no generara comisiones; nunca de hecho fui capaz de hacer la compra, en parte por eso, en parte porque el trabajo como evaluador psicómetra que tenía en aquel entonces se volvió muy inestable, y en parte porque Saya enfermó de las articulaciones.
A la fecha, mis estimados, no he leído el tan añorado libro. Encontré casi por casualidad otra línea biblioterapéutica que seguir, sin embargo, entre mis archivos de la universidad. Tener y Ser, de Erich Fromm, se convirtió en un libro que arrojó más luz sobre mí de la que hubiera previsto. Es de esos libros que Franz Kafka dice que valen la pena leer, de ésos que te apuñalan, que te hieren y rompen los océanos congelados que llevas por dentro, o al menos ésos fueron los efectos que a mí me causó. Solía llevar una lista en Word de las cosas que quería comprar, y a partir de este libro he dejado de actualizarla; cada que veo el archivo sólo sonrío y me niego a abrirlo. ¿Es acaso perder el gusto por lo vano y material un cambio demasiado grande para que lo haya realizado tan fácilmente? Desde luego, y es también forzado, no hay todavía una espontaneidad en mi conducta. Lo que más trabajo y rotura de sesos me ha costado es dejar las cartas de pokémon; ahora estoy resignado (se escucha feo, pero es la palabra que mejor lo describe) a sólo hacerme de tarjetas usadas, de vez en cuando, en lugar de comprarlas nuevas de paquete cada que tuviera la oportunidad. ¡Quiero dejar la huella más pequeña posible en el mundo en cuanto a los recursos que use de él! ¡Quiero dejar una muy grande con respecto a los beneficios de las acciones que forje en él! Quiero también algunos videojuegos, discos y dvds, y aunque por lo pronto me justifico pensando que serán artículos de vida útil prolongada que no harán gran daño al ecosistema, espero irme mudando paulatinamente a sus análogos virtuales, que por ser datos minúsculos apenas y tendrán un impacto. Al mismo tiempo, hay dentro de mí una parte diciéndome que qué ridículo soy, supongo que la misma que dice que los recursos del planeta igual extinguirán un día, que la Tierra es un instante de un universo implacable al que le va y le viene la vida que casualmente se desarrolló en otro de sus trillones de cuerpos celestes, la que dice que es inútil mirar al suelo para no pisar las hormigas al andar, la que no llora al ver las manchas de mariposas estampadas en el parabrisas. ¿Cuál será la parte que vale la pena en mí, la sensible, o la cínica? Es una pregunta muy fácil de contestar; es más bello ver la unicidad y fragilidad de la vida terrestre que su insignificancia. ¿Cómo le hace un espíritu sensible para no quebrarse al ver las muertes atroces de sus hermanos, acaso de las so-called criaturas inferiores con las que convive en la biota, al presenciar las injusticias, la carencia? ¿Cómo no verterse en la ironía y en la contumelia, o de plano en la depresión y la desesperanza? ¿Cómo no querer destruir lo que arrebata la inocencia, las ilusiones, la fe? Éstas son, mis afables lectores, preguntas de más difícil resolución. Requieren de una fuerza yoica muy poderosa, de una madurez casi total en la personalidad, no para ser contestadas en abstracto, sino para vivirlas en su contradicción, tan despiadada y humana a la vez. Hoy apunto hacia esa dirección, hacia esa constante resolución y resurgimiento de la paradoja. Vivir y disfrutar, perdonándose uno mismo cuando se lastima a algo o alguien más, actuando en consecuencia, construyendo y creando, deseando apenas poco más de lo necesario, entendiendo los motivos y razones que guían a los demás, sufriendo y llorando las tragedias, encolerizando en las injusticias y frustraciones, abrazando los triunfos y saltando y bailando en el gozo.
¡Pero qué difícil es pasar de la tragedia al gozo sin que queden remanentes, sin culpas! ¡Qué horrible es encontrarte en un estado de sobria tranquilidad y que la fragilidad de la vida te devenga encima! Que de pronto mi abuelita tuviera cáncer en un estado tan avanzado y nada pudiera hacerse para ayudarla, fue un puntapié a la esperanza y a la justicia. Que el mundo siguiera girando tan fácilmente cuando mi abuelita murió, este octubre, me pareció de lo más doloroso, de lo más ácido. Es repugnante que la vida continúe inmediatamente después de las tragedias, debería detenerse, debería de congelarse, debería colapsar hasta que todos estuvieran listos. Pensar en que después de la muerte de uno la gente puede de hecho estar lista para seguir su propia brecha, me parece lo más atroz en el universo. Ustedes ya saben los pedos que tengo con la muerte, ésos que parecen insuperables, los que no he podido abordar desde una perspectiva que me satisfaga, que al menos los aminore.
Y pues nada, que me volví devoto seguidor de Erich Fromm, y al cabo mi ex (novio en aquel entonces) me regaló un libro de él, El Corazón del Hombre, ¿y qué más que darle por esta nueva línea, que es humanista pero parte de bases psicodinámicas? ¿Que qué más? Pregunto, ¡pues la biología y la astrofísica! Contesto. Las ciencias naturales me atrajeron en estos tiempos mucho más de lo que nunca antes. Me prestaron un libro de Stephen Hawking, y aunque entendí poco menos de la mitad de los conceptos, puedo decir que aprendí un montón y que este hombre ha hecho bien su trabajo en inducirme a querer saber más de su campo. Por parte de la biología me aventé la sección de esta materia en una enciclopedia que tiene siglos existiendo en la casa, y recién empecé ahora el apartado de zoología. Wikipedia me ha estado dando muchas cátedras de las antes mencionadas y también algunas cuantas de física y química básicas (muy básicas todavía). Así que, en resumen, mi añorada espiritualidad la estoy encontrando por lo pronto y satisfactoriamente en el humanismo y la ciencia natural, en mis intentos de lograr una comprensión integral de la realidad a la que tengo acceso. ¡Y me he vuelto tan voraz con respecto al saber! ¡No tengo suficientes horas para leer y conocer todo lo que quiero, y peor aún, a veces tampoco suficientes ganas xD! En este año, aparte de Tener y Ser, El Corazón del Hombre y los 4 libros de las crónicas vampíricas que me faltaban, también engullí Freud para Principiantes, El Psicoanalista, El Castigo de la Bella Durmiente, El Rapto de la Bella Durmiente, El Universo en una Cáscara de Nuez y releí De Perfil. Hace unos días empecé Miedo a la Libertad, otro de Fromm que me prestó mi jefesón.
¡A que ni saben quién terminó de escribir una novela en la que llevaba unos seis años trabajando! Ahora la estoy editando para finalmente publicarla en un futuro a mediano plazo. En noviembre participé en un concurso de cuento, cosa que ya sabrán me fascina; el escribir y entregar un producto con un cierto número y una cierta calidad de requisitos; será en febrero cuando sepa si ganó o no algo. También he continuado derramando mis dotes de escritorucho en otro par de proyectos que tal vez algún día verán la luz, pero que por lo pronto espero tengan a bien con sólo saber que van por buen camino.
¡A que ni saben quién se hizo de un novio después de unos dos años de soltería! La relación duró un mes, y todavía hoy me quedan algunos rencores, pero igual o más de momentos que atesorar. Creo que mi círculo de amistades se ha reducido un poco, pero en general mis gallos continúan cantando y espero lo hagan muchos años más (en verdad, y remarco: OJALÁ). Los quiero mucho, ya saben quiénes son.
¡A que ni saben quién vio y escuchó en vivo a Nightwish y a Floor Jansen una misma noche! :D No sobra que les diga que la dichosa tarjeta de banamex nunca me sirvió para un carajo (no la quiso ticketmaster cuando pretendí comprar los boletos por internet), y por si no fuera suficiente, luego me empezaron a cobrar una mierda de seguro que en la vida contraté, así que mandé a la verga a la jodida cuenta; ¡a salirle con sus pinches mamadas los hijos brujos de su puta madre a otro pendejo!
          Pues bueno, por lo pronto y por este año, yo creo que es todo lo que sabrán de mí. Seguro hay un millón de cosas más que no les he contado, tal vez no sean tan importantes y por eso se me han pasado, ¡o tal no se las quiera contar! ¡Ya vieron que es probablemente la entrada con más signos de admiración que he escrito jamás! ¡La oración anterior de hecho debió llevar más bien signos de interrogación…! ¡Hasta la próxima!

sábado, 8 de diciembre de 2012

Jo jo dawg



¡Hey bloggers! Estimados lectores míos, ¡cuánto tiempo sin saludarlos por acá! ¡Está todo tan cambiado! Bueno, al menos sí lo está la interfaz de usuario en donde uno administra su blog.

Poco más de medio año sin actualizar, pero esta vez ni lo lamento ni me disculpo, pues no se me había dado la gana bloggear nada. Estos últimos días, en contraste, he pensado que sería una lástima no plasmar aquí, en WhatComesAfterDramances,  mi experiencia reciente por el DF, especialmente la vivida en el concierto de Nightwish, y de paso les cuento un poco lo que ha sido de mi vida en estos meses. Sin más rodeos, here we go.
Desde septiembre comencé a trabajar en un instituto privado de capacitación continua en psicología y psicopedagogía, siendo la tercera persona que llegaba a un puesto de reciente creación y cuyas funciones y límites aún ahora no están del todo claras. Pero no está mal, este instituto recién se fundó el año pasado, y el área en el que trabajo, que es reclutamiento de personal, tiene aun menos tiempo existiendo. También en septiembre me enteré que Nightwish, una de mis bandas favoritas, partía caminos a mitad de gira con su vocalista Annete Olzon y contrataba temporalmente a Floor Jansen, mi voz favorita de todos los tiempos sólo rebasada por Sharon, a quien ya había visto con Within Temptation en el 2008. En fin, se trataba de una oportunidad imperdible: la banda de metal sinfónico más importante, junto a una de las voces más representativas del género se estaría presentando en el Teatro Metropolitan el 28 y el 29 de noviembre. 


Era genial porque resultaba la primera vez que teniendo yo un ingreso fijo y seguro, podía ponerme a ahorrar para asistir a un concierto sin grandes temores a no reunir el suficiente dinero; no sobra decir, sin embargo, que mi ingreso en este instituto es todavía bastante miserable, pero razonable tomando en cuenta la súper flexibilidad de mi horario y la falta muy notable de carga de trabajo. A dos semanas del 28 de Noviembre pedí permiso para faltar dos días y lo obtuve sin cuestionamientos ni reservas; mi jefe y socio es bien bueno. Con esto y su trato en general hacia mí se ha ganado mi aprecio el vato :).
El día de partir hacia la ciudad de México nos llegó a mí y mi acompañante, Nerea (http://nocturnasmelodias.blogspot.mx), no sin antes sufrir una serie de contratiempos patrocinados por la universidad suya y los cuales también a mí me terminaron desesperando, pues la vata no se daba tiempo para organizarnos. Así, sin plan, pero con un montón de buenas expectativas llegué tempranísimo, el día que Nightwish iniciara su gira latinoamericana, al hotel donde se estaban hospedando mi hermano y un amigo suyo.
Ese miércoles estuvo mega intenso: desde las 6 y fracción de la mañana anduvimos turisteando a pie por el centro histórico, y prácticamente no paramos hasta las 11 ó 12 de la noche. Probé por primera vez la torta de tamal, que pedí de rajas, y me di una enchilada espectacular que no se vio ni un poco atosigada por el sin embargo delicioso café negro con canela que elegí para acompañarla.


Conocí el zócalo, donde alcancé a presenciar la tonta ceremonia en que se alza la no menos tonta bandera nacional; conocí también los edificios chuecos (que tardé un buen para notar lo estaban), lo que es andar entre un auténtico mar de gente por la calle, las nieves más caras del mundo, unas cuantas iglesias chidas, el palacio de bellas artes (que aunque muy bonito, no tenía nada interesante para mí [o nada que fuera gratis xD]). Visitamos también la plaza friki, algunas tiendas de películas y un par de librerías mucho más grandes de las que estoy acostumbrado a ver en mi rancho, así como otras cuantas nice stores como Mixup y la de Sanborns. Caminamos muchísimo, al grado que para las nueve de la noche, cuando estaba dando inicio el concierto, yo moría de cansancio de pies y rodillas.


          El teatro estaba muy bonito, el ambiente muy relajado y agradable antes de que comenzara el espectáculo. La mercancía oficial dejó mucho que desear, con apenas tres diseños distintos de playeras y unos CDs en envoltorios muy cutres. El escenario me quedaba más cerca de lo que pensé lo haría cuando vi el mapa del lugar y adquirí mi boleto, el área en el que estábamos se veía algo vacía, las filas de asientos tenían muy poca separación entre sí y estaban escalonadas, saboteando todo intento de alocarse del público tanto por el casi nulo espacio como por el riesgo a irse de hocico contra la fila delantera: pésima elección para una noche de metal sinfónico finés. 


La introducción instrumental se dejó escuchar puntualmente y mi corazón se aceleró, ¡no me la creía que estaba por ver a Floor en vivo! La gente no tardó en dejar sus butacas para recibir de pie a la banda, que abrió el concierto con Storytime, una disfrutable pieza muy adecuada para empezar a calentar los ánimos. Siguió Dark Chest of Wonders, una de mis más esperadas. La fila donde Nere y yo nos encontrábamos estaba prácticamente vacía, así que me tomé la libertad de bailar y cabecear un poco, coreando otro tanto. I Wish I had an Angel sonó mejor de lo que me la esperaba y le sobrevino Amaranth, donde la hermosa Floor dijo “Buenas noshies” y pidió le ayudáramos a cantar, claro que sí, obedecí, todo lo que quieras princesa. C: La Jansen desde allá arriba no me parecía tan gigante como es en realidad, en cambio la admiraba delgada, de estatura media y eso sí, tan sexy como también es en realidad; por otro lado, su headbanging y movimientos en general no me parecieron tan salvajes y fregones como los había visto antes en videos, quién sabe por qué. Debo confesar que a los demás integrantes de la banda apenas y les puse atención por segundos, pues no me simpatizan ni un poco, a no ser porque son músicos excelentes que componen gigantescamente bien música fabulosa, la verdad es que les tengo grandes reservas por los modos en que echaron a Tarja y Annete. Para mí fortuna tocaron mis tres canciones favoritas: Nemo, Ever Dream (que por lo aplaudida y aclamada fue casi sin dudas la mejor de la noche) y la majestuosa Ghost Love Score, que disfruté con una cara de orgasmo que sólo Nerea sabe, aunque al final Floor me quedó a deber una nota que falseteó, y la cual sí cantó a full al siguiente show la muy canalla, según vi en youtube :I… es una espinita que no creo que jamás me vaya a quitar de los testículos, pero bueh. Otras geniales de la noche, a mi gusto, fueron Planet Hell, Dead to the World, The Crow the Owl and the Dove y I want my Tears Back. Cerraron con una efusivísima Last Ride of the Day, quedándonos así a deber una canción, tomando como punto de comparación las fechas siguientes del tour. Por más que nos desvivimos llamándoles luego de que se despidieran, no salieron al encore los muy divos. Quiero pensar que tal vez Floor no andaba al cien de su voz  (motivo posible por el cual sólo rozar ese G5, lo falseteó hasta el final en Ghost Love Score), y como al siguiente día había otro show programado, tal vez decidieron cuidarla para no arrepentirse después. Quién sabe, lo cierto es que la hora y media de Nighwish se me escurrió de entre los dedos como si de agua se tratara. Al final el concierto se resumió a esto: Floor magnífica, yo bailando con cara de orgasmo, Nere negando con la cabeza, incrédula de que Floor pudiera ser tan magnífica, y Nightwish tocando la chingonadísima de música mágica que tan pocos han sabido componer en la historia del metal, todo ocurriendo tan efímeramente como aparecen y desaparecen las estrellas fugaces en el firmamento. Así, creo yo, acaba la historia que valdrá la pena contar de Nightwish; dudo mucho que luego de terminar esta gira, luego de que Floor abandone el barco para regresar a sus proyectos personales, le quede algo de vida realmente digna a la banda, con todo y la genialidad de Tuomas.


         EN FIN. Salimos del concierto para ir a cenar a unos tacos nada despreciables. Pedí los clásicos al pastor mientras Nerea, mi bro y su amigo se aventaron unos huaraches que no se me terminaron de antojar. Ahí acabó el día, pero nos esperaría un jueves aún más movidón. Nos levantamos entre 9 y 9 y media, todavía sin plan, pensando qué sería mejor: si visitar Chapultepec o Coyoacán. Al final decidimos que Chapultepec, así que no sin algo de ibuprofeno en el organismo nos dispusimos a otra maratónica jornada. El bosquecito estaba muy lindo y tranquilo, con ardillitas por doquier y magistrales ahuehuetes adornándolo. 


Anduvimos tomando muchas fotos y caminando a paso suave y relajado, disfrutando cada tramo. Nos brincamos el castillo porque cobraban la entrada, sólo admiramos su imponente fachada al acercarnos y alejarnos para continuar nuestro camino hacia el zoológico, al cual sí entramos porque :it’s free: Me sorprendí muchísimo conociendo a algunos animales que jamás había visto más que en fotos y videos, principalmente por sus tamaños t.t ¡No sabía que los cuervos fueran tan grandes! Los dromedarios y los hipopótamos me hicieron sentir una hormiga ante sus imponentes cuerpos. Conocí a un par simpático de pandas, a un adorable rinoceronte con el que me tomé unas pics, a un gorila que me pareció algo pequeño (tal vez porque tenía a King Kong y Joe muy presentes), unos asombrosos monos arañas (es increíble ver cómo usan su cola como quinta extremidad prensil :O~) y muchos, muchos animales más. Mi favorito fue el lobo marino, que nadaba una y otra vez practicando un ritual bastante bonito en el que describía un círculo bajo el agua y luego salía a la superficie con los ojos cerrados y abriendo la boca, captando de lleno en el rostro la cascada de agua que caía en su pecera. El aviario estaba súper enorme, y aunque lo disfruté como enano, fue como a mitad de éste que empecé a sentir los pies morir; para entonces todavía nos faltaba ver los pandas y la sección de primates, así que anduvieron muriendo por otro buen rato. 


Al salir finalmente del zoológico fuimos a comer a Daikoku, un restaurante de comida japonesa que mi bro nos recomendó mucho, y que al menos a mí me dejó más que satisfecho y contento. Habíamos dicho el día anterior que visitaríamos todavía la plaza de la tecnología en el centro histórico, pero el tiempo se nos venía encima y las ampollas a los pies, así que decidimos regresar al hotel ya nada más para alistar nuestras cosas y dirigirnos a la central de autobuses.

Luego de habernos guiado prácticamente de la mano por cada lugar, mi hermano nos dejó a nuestra suerte en la estación del metro más cercana al hotel, no sin antes darnos instrucciones de cómo llegar a la central. Aunque al principio nos guió justo por el camino contrario al que nos llevaría a nuestro destino, tan pronto retomamos fue fácil seguir las direcciones siguientes. Llegamos raspando la cola con unos 3 minutos de anticipación a la que sabíamos, sería nuestra hora de salida, Nere todavía teniendo que atender algunos asuntos femeninos antes… ¡pero el autobús ya no tenía asientos disponibles! No había otra salida más tarde en esa línea (de la cual ya habíamos comprado el boleto de canje de regreso), Nerea tenía examen a primera hora y yo trabajaba. Sus asuntos eran más urgentes que los míos, así que compró otro boleto, en otra línea, mientras yo canjeé el mío en la anterior, pero para el día siguiente. La despedí y regresé al hotel, no sin antes recorrer el pinche y kilométrico túnel de la ciencia y otros tantos corredores entre estaciones de metro. Al fin llegué al bendito hotel, donde sin embargo no me dejaron descansar, pues tenían planeado salir a cenar y no quisieron que me quedara solo en el cuarto. Los acompañé pues, a unas de las pizzas más ricas que he probado en mi vida (pizzas del perro negro) y a conocer a un P, amigo de mi bro, muy buen chico aparentemente. Cuando anunciaron que a continuación iríamos a casa de este sujeto, mis pies gritaron en silencio y murieron por décima ocasión en ese día. Iba yo como zombi, apenas respondiendo a ningún estímulo y a una que otra pregunta del buen P. Estuvimos sólo unos minutos y luego regresamos al hotel, caminando un poco y metreando otro tanto; en uno de los vagones me tocó conocer a los famosos (?) drogadictos rompe-botellas de vidrios; desafortunadamente no apareció Mujer Luna Bella a mostrar chichi pa la banda u.u Ya en la habitación donde nos hospedábamos, P, mi bro y su amigo se dispusieron a ver películas, y aunque estuve cordialmente invitado, preferí dormir, no sin antes tomar EL MÁS EXQUISITO BAÑO DE AGUA CALIENTE EVER. 


Me levanté al mediodía del viernes para ir a almorzar con mi bro a unas típicas quesadillas afuera de la estación Balderas, donde despedimos a P. Regresamos derecho al hotel y volví a caer dormido, todavía fulminado del cansancio. Cerca de las tres fuimos a comer a una fonda también tradicional, bastante escondida en un segundo piso de edificio del centro histórico. De regreso al hotel llegamos a un mixup, donde me hice de un disco de Epica, a razón de que no encontré los que buscaba de Anneke Van Giersbergen. Igual Epica me fascina y no tenía hasta entonces material original suyo, así que fue un buen win. 


Se volvió a dar la hora de marchar, y ahora lo hice con tiempo de sobra y a través del trolebús, otra vez solito pero con indicaciones. Hice unas 11 horas de camino en el autobús, no dormí más que unos veinte minutos y llegué finalmente a una pequeñísima y aburridísima Ciudad Victoria.

          Coloco al concierto de Nightwish en tercer lugar de mis más disfrutados, detrás de los de WT y KISS, delante del de Aerosmith.    

          Hey, pero les había dicho que los actualizaría un poco acerca de qué ha sido de mi vida los últimos meses, y prometo hacerlo aunque sea brevemente en una próxima entrada que no dejaré se escape más que si acaso un par de días. Au revoir!


viernes, 25 de mayo de 2012

El legado de Anne Rice


This is something big. Yo sabía que en algún momento tenía que escribir acerca de esto, más por obligación moral para conmigo mismo que porque se me dé la gana. Al final, o más bien en el transcurso, espero que las ideas fluyan y la experiencia se torne agradable, como de cualquier modo sucede casi siempre que obligo a mi perezosa y evasiva vocación de escritor a ponerse manos a la obra.
A mitad de bachillerato empecé a leer las Crónicas Vampíricas (CV) de Anne Rice (cosa que saben y probablemente estén hastiados de recordar si son devotos seguidores de mi blog), la serie de libros que mayor influencia -consciente- ha ejercido sobre mí. La última vez que comenté en el blog respecto al tema, iba avanzando a un ritmo muy suave; de hecho iba apenas en la séptima entrega de dicha serie: Merrick. Unos meses después de que lo finalizara me aventé los otros 3 a frecuencia aproximada de uno por quincena; es cierto que no los consumí de la noche a la mañana, pero resulta apabullante comparándolo con el 1 por año, más o menos, que procuraba para alargar el gozo producido por esta romántica y oscura autora. Igual los disfruté mucho, a excepción del último: Cánticos de Sangre, que me disgustó por razones que sin duda comentaré más a fondo llegado el párrafo correspondiente. Esta entrada se trata de un análisis personal de las CV, un análisis en lo absoluto formal y más bien especulativo, cuya principal meta es gramatizar y por tanto hacer más sustancial la experiencia subjetiva que me significó en su momento y que hoy me deja latentes y también manifiestas no pocas repercusiones.
Antes de continuar, es para mí un deber apuntar y subrayar que el texto estará inevitablemente salpicado de spoilers, y que además con toda probabilidad se convertirá en la más larga entrada que jamás haya escrito en WCAD. Sólo bajo esta advertencia y su honorable discreción, están completamente invitados a avanzar justo por aquí...

Jamás me ha llamado la atención el mito vampírico per se; inicialmente las motivaciones que me llevaron a leer Entrevista con el Vampiro (libro 1) fueron que el amigo que hizo el favor de prestármelo me lo recomendó mucho, que estaba ávido de leer novelas y que tenía buenos aunque imprecisos recuerdos de la película. Esta primera lectura, por mucho que me haya gustado, en realidad no representó para mí más que agradables momentos de distracción y entretenimiento. Ya estaban presentes algunos de los ingredientes que pronto me sumergirían en la serie: la asunción natural de la bisexualidad como universal en cada uno de los personajes, aunque hábil y sutilmente disfrazada por seres presuntamente asexuados, pero no deserotizados, cuyo acto sexual final era el intercambio de sangre; y la inmortalidad del ser, un bendito y definitivo escape de la terrible existencia finita. El elemento faltante, que sin embargo caracterizó a la mayoría de las entregas siguientes, era la pasión por la vida. Louis, el vampiro entrevistado del libro, fue un sujeto aterrorizado por vivir a costa de la sangre, atormentado por dudas existenciales y por la culpa de seguir caminando en un mundo del que ya no era parte, un mundo en el que no creía que pudiera llegar a tener lugar alguno. Ahora me entero que si lo describo desde mi actual psicología, el personaje me despierta bastantes emociones en tanto me identifico con él, pero en aquel entonces no había parecido entre nosotros en lo absoluto; yo era más bien como Lestat, el antagonista, pero esto no lo sabría sino hasta leer la siguiente entrega. Con todo, encontré en este libro otro encanto conmovedor que me parmenecería oculto por mucho tiempo, pero que no obstante gocé sin saber por qué, y era el que me produciría mi otrora favorita Claudia, la niña vampiro. Este personaje era tan terrible como Lestat y tan dulce como Lois, pero encerraba dentro de sí una tragedia mucho mayor que cualquiera de ellos: al haber sido creada a los 5 años, su cuerpo permanecería en la niñez por el resto de sus días. Yo me sentía y aun ahora a veces como Claudia, disgustado por mis pequeñas proporciones físicas, infantiles, lo cual desentona con la grandiosa personalidad que pretendo contener (en vano) y con mis capacidades. Claudia, a sus 65 años vampíricos, tuvo un final horrible expuesta a la luz del sol, al ser acusada por Lestat de intento de homicidio de su propio creador y ejecutada por una panda de vampiros adoradores de satán (Théâtre des Vampires). La venganza que Lois obtuvo de estos vampiros, reduciendo a brasas sus aposentos, me supo tan dulce que en el mismo instante que leí el párrafo sintetizándola, tuve que transcribirlo a un cuaderno, y he aquí:
No pude traeros, no pude traeros. Pero ellos yacerán arruinados y muertos en vuestro derredor. Si el fuego no los consume, será el sol. Si no se queman, entonces la gente que vaya a combatir el fuego los vera y los expondrá a la luz del sol. Os lo prometo: todos morirán como vosotras [Claudia y Madeline, una vampiro recién creada] habéis muerto, todo aquél que esté allí de madrugada, morirá. Y ésas son las únicas muertes en mi larga vida que considero exquisitas y buenas.

Por si alguien no estaba enterado, las obras en que se dividen las CV están escritas como si sus personajes las hubieran publicado, de manera autobiográfica, a veces siendo esta tarea dictada o encargada a otras personas del universo ficticio creado por la autora. El segundo libro: Lestat el Vampiro, está escrito por el propio Lestat y se trata del desesperado intento de este personaje por ser comprendido y amado, tomando en cuenta que buena parte de Entrevista con el Vampiro se encargó de presentarlo como un malvado y egoísta desalmado, lo cual aunque no es del todo erróneo, resulta de un juicio parcial. Encontré a Lestat terriblemente seductor por creerse (y haberme hecho creerlo también) más allá del bien y del mal, por estar enamorado de la vida (como también yo lo estaba), por hallar maravillosas a todas las personas (como, en un estado hipomaníaco, yo también las hallaba entonces) y a los otros vampiros y por negar que la existencia tuviera para sí otro significado más allá del estético, del abrazable; para él no había fines que justificaran los medios, porque ni siquiera había fines, sólo placenteros medios, indefinidos o eternos. En su vida mortal, Lestat fue un francés noble por el título de su padre pero en condiciones de facto cercanas a la pobreza, con excepcionales habilidades para la supervivencia aunque definitivamente sensible y talentoso en el arte de la actuación, rebelde y desobediente tanto como su progenitor era autoritario e inflexible, séptimo hijo de la unión entre dicho hombre noble y su madre Gabrielle. Luego de ser convertido en vampiro, al ver a esta última casi del todo consumida por el cáncer, decidió tornarse a la vez en su padre, otorgándole el don oscuro. Gabrielle decía que sólo cuando el dolor de la enfermedad fuera completamente insoportable querría morir, deseaba que fuera tan insoportable que no le diera miedo morir, porque estaba aterrada con la idea. La relación que sostuvo en la mortalidad Lestat con ella me recordaba a la que tenía yo con mi mamá, en donde, a pesar del amor compartido en gratos momentos de silencio, de conversaciones sólo ligeramente íntimas y del afecto tan palpable, había un enorme espacio de secretos insalvable, de comunicación truncada. Este espacio se agiganta cuando Gabrielle se convierte en vampiro y ambos, a pesar del amor, no pueden continuar juntos por la disparidad de sus estilos de vida. Gabrielle se vuelve tal vez no una salvaje, pero se dedica a recorrer la naturaleza sin otro vehículo que su cuerpo, se viste de hombre y no vuelve a cruzar palabras con nadie en mucho tiempo; en las próximas entregas de la serie, cuando esporádicamente hace aparición o se le menciona, apenas se le puede reconocer nada de la humanidad que dejó de forma mucho más bestial que casi cualquier otro vampiro. No puedo evitar sonreír al pensar que mi propia mamá, en una disparatada ficción que le otorgase la eternidad, actuaría de manera muy similar, se desentendería de la vida social y se dedicaría a alimentarse y pasearse indefinidamente, vestida en harapos. En Lestat el Vampiro, llega el punto en que éste, amargado por su soledad y otras angustias que no recuerdo bien (¿remordimiento por la creación de Clauida? Hay un momento en que sufre por esto, pero no estoy seguro de si es aquí o en los próximos libros) sale en busca de respuestas y de Marius el romano, un vampiro milenario y creador de Armand (éste líder de Théâtre des Vampires), dejándole mensajes en lugares públicos. Marius era hasta entonces el vampiro “vivo” más antiguo conocido por algún personaje de la serie, habiendo sido creado a la fuerza para convertirlo en un dios pagano, años antes de la revolución de Jesucristo. Escapando de tal designio se encuentra con otro probablemente más complicado: la custodia de los padres de los vampiros, Akasha y Enekil, tarea que todavía está desempeñando cuando Lestat lo encuentra y de la que le cuenta una larga y emocionante historia que disfruté enanamente y atesoré como mi parte favorita del libro. Antes de pasar a La Reina de los Condenados (tercera entrega), debo mencionar que hay otra característica que me hizo enamorarme de Lestat: su transgresividad; se suponía que los vampiros no debían revelar sus nombres ni mucho menos sus secretos a la humanidad, pero a él no le importó grabar en múltiples muros el nombre del antiguo Marius ni firmar con el suyo para hacerle saber que andaba tras él, así como tampoco le importó revelar la historia de los padres de los vampiros en miles de ejemplares que convertirían su obra en un best seller; tampoco le importaría descarrilarse de otro montón de costumbres y mandatos que la cultura y sociedad vampíricas habían impuesto hasta la fecha.

La Reina de los condenados narra el origen de los vampiros, la historia de las antiquísimas gemelas Maharet y Mekare, de su aprisionamiento y tortura por parte de los padres Akasha y Enekil. Éstos fueron en su tiempo mortal, realeza de una de las primeras civilizaciones (no recuerdo bien si era la egipcia u otra en un espacio histórico-geográfico muy cercano) de la humanidad, pero terminaron convirtiéndose en los primeros vampiros por obra y posesión de un poderoso espíritu corroído en la envidia de no tener cuerpo propio. Esta narración es contada por Maharet en el contexto de Akasha decidiendo dejar su milenario letargo, seducida por Lestat y maravillada por la tecnología y música contemporáneas que usaba para llamarla (el vampiro hasta se convirtió en rockstar, cantando a los jóvenes mortales los secretos de sus antepasados con su voz sobrenatural). Akasha se levanta con una fatal visión de lo que el mundo debía ser: dominio completo suyo y secundariamente de Lestat y todos los demás vampiros que se le unieran y salieran finalmente a la luz (sólo metafóricamente), pues no veía razón para seguir ocultándose entre lo que para ella no era más que alimento andante, los humanos. Si bien Lestat experimenta una devoción enorme por Akasha, el amor que tiene por lo que él denominaba su Jardín Salvaje es decididamente más grande y ello le impide compartir la apocalíptica visión. Un grupo de vampiros importantes, antiguos y neófitos, todos todavía atados emocionalmente a la humanidad por diferentes motivos y circunstancias, se revela contra la madre y en el acto final de este conflicto, hace su aparición la perdida Mekare para arrancarle la cabeza y quedarse con la “semilla” vampírica; así de sencillo y expedito. Esto de la semilla se trata de la cuestión de que, si muriera su portador, todos los demás vampiros perecerían; Marius lo sabía pues sus años mozos de vampiro fueron en medio de una población reducida debido a un fuego que la abrazó cuando Enekil y Akasha fueron dejados por un tiempo a la luz del sol; y por eso guardó a los padres celosamente bajo su custodia por más de dos mil años, tanto como la inmóvil madre se lo permitió. Con una poderosa y pacífica Mekare conteniendo ahora dicha semilla en la seguridad de su cuerpo inmortal, las 'vidas' de Lestat y los demás vampiros dejan de correr riesgo y regresan a la gravidez de sus respectivas pugnas existenciales. Bueno, antes intentan hacerse compañía los unos a los otros en una suerte de ciudad privada, pero poco a poco vuelven a disgregarse, con la triste conciencia de que tarde o temprano se tornan insoportables entre sí. A mitad de esta melancolía, la visión y actitud de Lestat me pareció sin embargo positiva, dando a entender con sus últimas palabras que ahí no terminaba la cosa, que habría más aventuras y que seguiría buscando maravillarse en el mundo, en los humanos y llegado el momento de reencontrarse, en sus iguales; se pinta al final como un malvado sin remedio que seguirá rebelándose al mundo no importando las catástrofes ocasionadas y pidiéndole al mismo que lo entienda, tal vez hasta autocompadeciéndose. Entonces lo amé, porque ése era yo.

A partir de aquí, por más que haya disfrutado las siguientes entregas, ninguna (a excepción del libro 9: El Santuario) me pareció del todo a la altura de los primeros tres libros... aunque no estoy seguro de saber bajo qué juicio sostengo esto, tal vez sólo el del corazón :E. Hubo desde luego muy disfrutables momentos clímax, geniales contenidos argumentativos y líneas narrativas, deliciosas páginas donde la pasión de Anne Rice se derramaba y me embriagaba. La evolución de la ideología de la autora me parecía fascinante, pues seguía un patrón demasiado parecido al mío, aunque tal vez fuera que más bien mi ideología fuera moldeándose para parecerse más a la suya, pues después de todo, las personas con frecuencia queremos volvernos más como aquellos a quienes admiramos, aun si estamos o no conscientes de que si los admiramos es porque nos identificamos con ellos: toda una bola de nieve.

En el Ladrón de Cuerpos (libro 4) apareció un Lestat que probablemente sufría su eternidad un poco más de lo que la disfrutaba. Era la continuación de ese vampiro que antes había intentado suicidarse viajando en el desierto hacia la salida del sol (este hecho ocurrió en la entrega anterior, me avergüenza no haberlo recordado con antelación), en vano, pues para entonces era tan fuerte por la sangre que había bebido de Akasha y otros antiguos vampiros, que de la hazaña no resultó más que un dolor transitorio, aunque muy agudo, y un bronceado que le seguiría tiñendo la piel por el resto de la serie. A este Lestat abordó el sujeto del que el libro toma nombre, para ofrecerle el intercambio de un cuerpo mortal, moreno, oriental, joven, fuerte, grande y hermoso por el suyo, infinitamente más bello y poderoso, pero condenado a la inmortalidad. A lo largo de las CV es omnipresente una organización llamada Talamasca, donde eruditos y personas con poderes extrasensoriales se alían para comprender los fenómenos y sujetos paranormales; en este libro tienen especial importancia a través de David Talbot, un respetable inglés integrante de dicha organización y además conocido de varios vampiros importantes, entre ellos Lestat y Marius. Por otro lado, el ladrón de cuerpos era un viejo miembro de la Talamasca que había robado, a través de una técnica ancestral, el cuerpo de un joven para ser más atractivo a los ojos de su objetivo. No recuerdo bien bajo qué términos (y sentimientos) Lestat acepta el trato del sujeto, volviéndose otra vez humano. Creo que en este momento fue cuando el acto sexual dejó de ser metáfora en los libros de Rice y fue retratada la sexualidad más como la entiende la gente común; que ocurriera cuando Lestat se vuelve humano no fue más que una coincidencia o pretexto, pues al regresar a su condición imperecedera, y en las siguientes entregas, no sólo él sino todos los demás vampiros piensan y sienten la sexualidad en este último sentido; Anne Rice aquí dejó de mostrarse asexual -implícitamente bisexual- y dotó a sus personajes de una bisexualidad manifiesta. Total que Lestat tuvo sus relaciones heterosexuales con una chica que cortejó en un bar, invitó en varias ocasiones a David Talbot a hacer el amor, pero éste lo negó cada vez, probó la comida y el vino, disfrutó de los días de sol como cualquier otra criatura; y también sufrió -muy mariconamente- de un sistema excretor, del cansancio, de la enfermedad y la vulnerabilidad humanas, de tener a la muerte real pero realmente cerca, lo cual no recordaba que fuera posible; al final decidió que mejor sí volvía a su cuerpo inmortal, que no podía soportar tanta incomodidad y debilidad. Desde luego, el ladrón de cuerpos no está dispuesto a revocar el trato, pero bueno, ya he dicho que Lestat regresaba a su condición imperecedera, así que no fue más que cuestión de tiempo y esfuerzos para que esto se llevara a cabo, con el apoyo y conocimientos de su amigo de la Talamasca. Casi terminándose el libro, el protagonista me recordó, ahora sin simpatizarme del todo, que podía ser un rebelde y malvado sin causa, convirtiendo a su querido David en vampiro aun cuando éste se niega y debate conmovedoramente para evitarlo. Por presiones de la batalla librada con el ladrón, el cuerpo con el que David queda, y que inmortaliza, es el del joven moreno y fuerte que pasara antes por la posesión de Lestat. Talbot se vuelve un personaje muy importante en las crónicas a partir de aquí, y este libro finaliza con Louis, él y el protagonista reuniéndose cuales viejos amigos y preparándose para viajar en compañía, aunque sea por un tiempo.

Anne Rice me parece, como yo en aquellos momentos, había mantenido un panorama religioso general que en su universo ficticio iba y venía del apaetísmo al agnosticismo. En El Ladrón de Cuerpos, David Talbot aparentemente de forma azarosa tiene una visión más o menos teofánica que sería el preámbulo de Memnoch, el Demonio, la siguiente entrega. No pude dejar de extraer este fragmento que copio aquí abajo, y que en su momento me significó muchísimo, el cual sintetiza este panorama ateísta que predominaba en los vampiros de Rice.
-¿Buscas a Dios? -preguntó [David] luego.
-Por cierto que no -respondí [/respondió Lestat]-. Es una gran pérdida de tiempo, aun cuando uno tenga siglos para derrochar. Ya no emprendo más esas búsquedas. Miro el mundo que me rodea para encontrar las verdades, verdades encerradas en lo físico y lo estético, verdades que puedo abrazar plenamente. La visión que tuviste me interesa porque es tuya, porque me la relataste y porque te quiero mucho, pero nada más.

El quinto libro es el cuarto y último que narra Lestat, y como éste mismo comenta, no es una historia de vampiros. En realidad es una versión Riceana o interpretación de la creación bíblica y otras partes de las Sagradas Escrituras. Empezó para mí como la más aburrida entrega de toda la serie, y así la sigo considerando, aunque la prefiera a Cánticos de Sangre. Con todo, encontré uno que otro pasaje la verdad muy estimulante para la reflexión, y una que otra sección emocionante. Al parecer Lestat es demasiado atractivo no sólo para seres seculares como Akasha y Marius, o para importantes eminencias humanas como lo fueron David Talbot y el ladrón de cuerpos, o para la frenética juventud que compraba sus discos cuando fue rockstar; el mismísimo diablo cristiano, que cortésmente pide le llamen Memnoch, acude al protagonista para mostrarle su historia y pedirle que le ayude en su milenaria confrontación a los designios y órdenes de Dios, los cuales a través de las visiones por las que el demonio conduce a Lestat, muestran al todopoderoso como un personaje absolutamente incomprensible y atroz, yet con una presencia inexplicablemente generosa. De estas visiones, rescaté unas pláticas entre Memoch y Dios que me parecieron de lo más interesante. Aquí las dejo:
1
—¿Pero dejarás que haga las cosas a mi modo? ¿Dejarás que les diga que eres un Dios cruel e implacable, que matar en tu nombre es una infamia, que el sufrimiento en vez de redimir deforma y condena a sus víctimas? ¿Podré contarles la verdad? ¿Que si quieren ir al cielo, tendrán que abandonar tus religiones y tus guerras santas y tu magnífico martirio? ¿Que deben tratar de comprender el misterio de la carne, el éxtasis del amor? ¿Me autorizas a explicarles la verdad?
[…]
<< Muy bien. Aunque me obligues a asumir una forma terrenal, triunfaré. Enviaré más almas al cielo a través del sheol que tú a través de tus absurdas enseñanzas y revelaciones. Enviaré a más almas reformadas cantando al paraíso que tú a través de tu estrecho túnel. ¡Seré yo quien consiga llenar el cielo y magnificar tu gloria!
[…]
De improviso, Dios Encarnado sonrió y dijo:
—Te quiero, mi valiente adversario. Me alegro de haberte creado, al igual que me alegro de haber creado el universo. Envíame tantas almas como puedas. Tú mismo formas parte del ciclo, de la naturaleza, eres tan prodigioso como un rayo o la erupción de un volcán, como una estrella que estalla de improviso en las galaxias, a tanta distancia de la Tierra que transcurren miles de años antes de que los mortales puedan contemplar su luz.
—Eres un Dios implacable —respondió Memnoch, negándose a ceder—. Enseñaré a los seres humanos a perdonarte por ser como eres, majestuoso, infinitamente creador e imperfecto.
Dios Encarnado sonrió y besó a Memnoch en la frente.
2
-Adelante, difunde tus enseñanzas entre los hombres, provócalos, deja que te arresten, que te condenen y te ejecuten en la cruz. Hazlo, pero hazlo como un hombre mortal.
—Es lo que me propongo.
—No es cierto; sabes que eres Dios. ¡Olvídate de que lo eres! Sepulta tu condición divina en tu carne, tal como has hecho durante mucho tiempo. Sepúltala, Señor, piensa sólo en tu fe y en tu esperanza en el cielo, como si ello te hubiera sido dado a través de una revelación inmensa e innegable. Pero sepulta en este desierto la certeza de que eres Dios. De este modo experimentarás el dolor como un hombre. Conocerás el auténtico significado del sufrimiento, despojado de cualquier atisbo de gloria. Contemplarás lo que los hombres ven cuando les arrancan la carne y los mutilan y su cuerpo sangra. ¡Verás la podredumbre del cuerpo mortal!
—Memnoch, todos los días mueren en el Gólgota muchos hombres. Lo
importante es que el Hijo de Dios morirá por su propia voluntad en el Gólgota
encarnado en un hombre.
—¡No! —contesté—. Eso es una catástrofe.
El Señor me miró con una expresión tan triste que creí que iba a echarse a llorar.

Lestat no sólo es espectador de las revelaciones, sino que de alguna forma Memnoch lo lleva hasta aquellos lugares y tiempos, dándole cierta libertad para actuar en algunos de los contextos. Es así como se encuentra con Dios en el cielo y éste le pide que se una a él, propuesta para la cual el vampiro no tiene respuesta. Es también así como llegado el día de la ejecución de Jesús en la cruz, tiene el atrevimiento de beber de la mismísima sangre del Dios encarnado (en aquel entonces, mi parte favorita, por herética) y de coger para sí el velo de Verónica. No acepta aliarse con Dios ni con Memnoch, y huye del infierno de éste por apenas un pelo, no sin antes perder un ojo que le arrancan de la cuenca. La experiencia desde luego le deja muy trastornado, y lo peor es que no hay nada que le pueda hacer estar seguro de que lo que vivió, a pesar de regresar tuerto al mundo, fuera real; es decir, ¿cómo comprobar si aquel Memnoch no era realmente otro ser implacable y sobrenatural (como los vampiros) con un gran poder de sugestión, cómo comprobar que las visiones no fueron sino un artilugio ilusorio con personajes de nombres familiares, Jesucristo, Lucifer? Así pues, lo que consideré y sigo considerando un intento de Anne Rice por conciliar su propia confusión con respecto a la existencia de un Dios, no terminó más que en un enredo todavía mayor, pero aun así en una muestra de su pugna por darle evolución a su ideología incompleta o insatisfactoria (omm... ¿o me estaré súper proyectando en ella?). En medio de vampiros cristianos inmolándose luego de ver el velo de Verónica que trajo Lestat, el cual consideraron prueba inequívoca de la existencia del creador, el atormentado héroe es visitado por la antigua Maharet, quien le regresa el ojo que Memnoch le arrancó con un mensaje enigmático: felicitándolo por llevarse el velo y entregarlo a Dora (una profeta cristiana moderna que tuvo bastante importancia en el libro)... ¡como si todo hubiera sido parte del plan! Incapaz de soportarlo, Lestat tiene un brote histérico y es atado por unas cadenas que no es capaz de destruir, de lo cual está agradecido. Siendo que yo continuaba para entonces en un cómodo agnosticismo (bueno, tal vez ya no tan cómodo, pero tolerable), la crisis de Lestat y Anne Rice no me reverberaron la gran cosa; la autora se me había adelantado (aparte cuando terminó de escribir el libro yo tenía 4 años jeje). Me parece que para poder soportar su propia crisis, Anne tuvo que sumergir a Lestat en el letargo por mucho tiempo, pero como todavía tenía mucho más que decir, se valió de sus demás personajes, en posiciones de menor angustia existencial, para hacerlo. Las últimas líneas del libro dicen “permitid que pase de la ficción a la leyenda” y firma Lestat “Adieu, mon amour”, ahora supongo, que porque ésa era su despedida definitiva u,u.

Armand el Vampiro es el nombre de la sexta parte de las CV, escrito por David Talbot luego de rogar escuchar la historia en voz del personaje homónimo del libro. Armand no había sido de mi agrado antes, pero llegada esta lectura y la oportunidad de 'conocerlo' le tomé mucha simpatía. Con una edad de poco menos de medio milenio y la apariencia de un adolescente hermoso y afeminado, debió ser el vampiro más desafortunado de todo el repertorio de Anne, siendo su existencia atormentada por situaciones de estrés extremo por sí mismas, contrastando con los sufrimientos más neuróticamente típicos de por ejemplo, Lestat, Louis y Marius. En su vida mortal fue un pintor prodigio explotado por la iglesia a la que pertenecía, que pretendía convertirlo en una suerte de artista mártir; en su pubertad, fue secuestrado y vendido varias veces como esclavo, pasando por períodos largos de hambre, enfermedad, golpizas y abuso sexual, hasta finalmente llegar a manos de su amante, ejecutor y creador, Marius, quien para entonces ya poseía una basta y suculenta letanía de chicos guapos y brillantes en desgracia. Sostuvo con éste una relación de discípulo-maestro muy al estilo griego en el tiempo de los grandes pensadores, con toda la pedofilia intrínsica. Luego de pasar por fin a una vida digna al lado del antiguo, no parece sentirse del todo jubiloso, sino que anhela algo más, y es así como Marius cede a otorgarle el don oscuro. Siendo un neófito es vuelto a secuestrar, ahora por la misma secta de vampiros que Louis aniquilara en el primer libro, pero siglos antes, cuando era más numerosa y fuerte. En el rapto muchos de sus condiscípulos son quemados y todo parece indicar que Marius corre con la misma suerte, aunque como sabemos por los libros 2 y 3, sigue vivito y coleando. Armand es llevado al lugar donde se celebraría una pira religiosa en la que impotente vería morir uno a uno al resto de sus compañeros, con lujo de la arrogancia cruel e ignorante propia de la Inquisición; por si no fuera poco es vuelto prisionero y sometido por años, a lo que se supone es un hambre infinitamente más dolorosa que la que vivimos los mortales (la de la sangre) y a otras torturas destinadas a acabar con todo rastro de la moral presuntamente corrupta de la que se le acusa; finalmente, es convertido a la secta (de adoradores de satán) y vuelto líder de un segmento de ésta. En ese total aturdimiento, con la psique desfragmentada, pasa más de un siglo guiando a un grupo cada vez más agonizante que ya para Entrevista con el Vampiro no es sino la compañía de bufones conocida como Théâtre des Vampires. Con la llegada de Lestat y más tarde de Louis comienza el resurgimiento de su conciencia. Armand siempre tuvo una devoción ciega al cristianismo y es de hecho uno de los vampiros que, tras la revelación del velo de Verónica, intenta inmolarse a la luz del sol, pero al final es rescatado por un par de chiquillos mortales, Benjamin y Sybelle, a quienes aparentemente una parte disociada de su personalidad pide auxilio (ni tan aparente; ésta es una sección muy confusa en la historia, donde no se aclara bien si es él quien acude primero a ellos o viceversa, ni cómo ocurre esto). Es acompañándose por estos dos personajes que me parece finalmente Armand halla la pasión por la vida que ni siquiera Marius, con lujos y enseñanzas, logró despertarle. No recuerdo haberme identificado con Armand, como sí me pasó con Lestat y me pasa ahora con Louis, sin embargo su sufrimiento me conmovió mucho y confieso que sentí algo de envidia de su fe en Cristo. Hay una cosa más de la cual hasta ahora caigo en cuenta: si con alguien me identifiqué de la obra fue Bianca, una socialité de la que el protagonista se enamora en sus años de estancia con Marius. Ella es una astuta mujer que hace lo que sea (incluyendo el asesinato) para cerrar negocios turbios con tal de salvar su propio pellejo constantemente amenazado por su corrupta familia; era la representación más bella que vi, en la literatura, del monstruo que se crea víctima de las circunstancias, criado y alimentado por un enfermizo contexto sin punto de retorno a la vista; era también, en el fondo, una criatura frágil y amorosa, como lo comprueba al cuidar de Armand luego de que un amante de éste le envenenara; ella parece dispuesta a empezar de nuevo, harta de la bota que le oprimía el cuello, como lo hace cuando finalmente Marius se deshace de sus chantajistas parientes. Por último, la parte que más emotiva me resultó de este libro fue cuando Armand, en sus años de discípulo griego, regresa a su natal Rusia para ver una vez más a su familia, encontrándose a su padre, alguna vez un valeroso y respetable hombre, borracho en una cantina culpándose indefinidamente de no haber impedido el rapto de su hijo. Allí le hace saber que sigue vivo y que le ha ido bien, ante lo cual el hombre desborda de felicidad: y aunque con su madre se presenta como un personaje inventado que lleva oro y joyas de parte de Armand, es al final reconocido y bendecido por ésta. El chico vampiro sale ofuscado e inquieto de estas escenas, pero personalmente me produjeron un montón de alivio, tal vez sintiendo que en algún momento de mi vida podré identificarme con esa clase de reencuentro filial.

Merrick es el nombre de una poderosa bruja descendiente de la afamada familia de -brujas- Mayfair, miembro de la Talamasca y amante de David Talbot en la vida mortal de éste; también es la denominación del séptimo libro. Escrito por David, narra la que para mí es la más compleja trama contada en las CV, con un montón de elementos muy bien dispuestos que al final van encajando en un plan perfecto para que la bruja obtenga su añorada inmortalidad vampírica, lo cual a la vez es al parecer un designio de óncle Julien (un personaje importante de Las brujas de Mayfair, la otra saga extensa de Anne Rice, que aquí converge con CV), con no estoy tan seguro de qué clase de alcances y motivos. Empieza con un Louis que incapaz de olvidar a su pequeña hija y novia Claudia, deseando saber si descansa ésta o no en paz, recurre a su amigo David para invocarla en espíritu. Hacia el final, cuando la niña vampiro es finalmente traída a escena, se muestra como un demonio devorado por la ira y el rencor, deambulando eternamente una especie de limbo más parecido a la nada que a cualquier otro mundo post mortem imaginado; además, para desconsuelo de Louis, revela que durante su compañía terrenal todo el tiempo le guardó a él tanto odio como el que le profesaba a Lestat. Completamente desilusionado, Louis decide finalmente terminar con su propia existencia, aunque no sin vacilar. Cree que probablemente merezca esa nada como destino, y es así como sin que Merrick o David puedan evitarlo, se expone al sol por un día completo. Lo que éstos encuentran al anochecer no es más que una copia carbonizada del afable Louis. Es aquí cuando Lestat despierta de su letargo para desgarrarse las venas y derramar su poderosa sangre en los labios de su hijo vampiro favorito, salvándolo de esta forma. Pf. Para entonces yo le había tomado bastante cariño a Louis, por lo reconfortante que era para Lestat cada encuentro con él y por la descripción de su físico, el cual siempre imaginé más atractivo que cualquier otro personaje de la saga; no obstante, me chocó que Anne fuera incapaz de dejarlo morir en paz, así como también se rehusaba a hacer definitivas las muertes de Lestat o Armand. Pero no la culpo, después de todo ha de ser muy doloroso dejar morir a personajes que son extensiones de la propia personalidad, y probablemente si me chocó fue porque yo en su lugar también hubiera sido incapaz (mi psicoanalista decía: te choca; te toca [touches]:P). Al regresar, Louis explicó que había experimentado la nada y ahora estaba aterrado de la idea de volver a ella, ahora se arrepentía de su suicidio. En otras palabras, estaba dispuesto a continuar vagando por la eternidad, la cual al menos por un momento no parecía tan insufrible: Lestat estaba de nuevo a su lado y ahora tenía a Merrick y a David también. El libro termina con un gran vuelco en el que la nueva compañía recibe una carta amenazante de la Talamasca, la que luego de perder a dos valiosos miembros y de verse constantemente expuesta en los libros que los vampiros tan alegremente publican, exige a Lestat se retire de Nueva Orleans (lugar donde se desarrolla la mayoría de las CV, se me pasaba mencionar) y devuelva a Merrick, declarándose en guerra contra él de no acceder a estas demandas.

Sangre y Oro (octavo libro) nos presenta a Thornevald, un vampiro pelirrojo creación de Maharet que pasó siglos y siglos exiliado en tierras congeladas. Sangre y Oro es la historia de la milenaria 'vida' de Marius contada a este silencioso y enigmático personaje. Para resumir, Marius es un erudito no por eso menos imbécil que jamás aprende de sus errores, que sufre mucho la soledad pero que se las ingenia para siempre alcanzarla tratando como basura a las compañías que se consigue, y que repudia la ira y la falta de control en la misma insana medida que es iracundo y falto del propio control. Una y otra vez le reñí al romano mientras leía su historia, regañándolo por tomar tan irracionales decisiones o por no tomar ninguna en absoluto, como cuando nunca sale en busca del raptado Armand, o como cuando teniendo a Pandora a su lado (su primer creación y más ferviente amor) la rechaza y maltrata, o como cuando nunca se resuelve a tomar venganza contra Santino (el vampiro autor de varias de sus más grandes tragedias), o la peor: cuando renuncia a la magnífica Bianca, quien fuera su compañía y consuelo en los momentos más sórdidos de su vida, por impulsivo y porque su amor por Pandora le volvía a nublar la razón. En Sangre y Oro también vemos de cerca la terrible condena que Marius sufre al llevar a cuestas la responsabilidad de Los que Deben ser Guardados, la madre y el padre, a quienes les tiene una obsesiva devoción, a quienes a veces convierte en su refugio, cuando la soledad le taladra las entrañas. A pesar de ser el único personaje de Anne Rice expresamente ateo, termina idolatrando a Akasha cual diosa. Este hecho me es especialmente conmovedor cuando al salir la madre de su inmovilidad, no tiene miramientos en sepultar al vampiro bajo las ruinas que deja a su paso, destruyendo uno de los tantos santuarios que éste le construyó y procuró a lo largo de la custodia con extrema frialdad. Para el momento en que Thorne encuentra a Marius, éste ha medio vuelto a organizar su existencia y es ahora acompañado por un chico vampiro que apenas le hace caso y se pasa el tiempo armando ciudades en miniatura. Aunque Thorne se siente reconfortado por volver a disfrutar de la voz y compañía de uno de los suyos después de tanto tiempo aislado, no era para esas pequeñas exquisiteces que había salido de su letargo, sino movido por los sentimientos tan ambivalentes de odio-amor que experimentan todos por sus creadores en algún momento; Thorne quiere reunirse con Maharet para poseerla y rendirse ante ella, para amarla y destruirla a la vez. Marius lo acompaña al santuario de la antigua, donde también se encuentran Mael (el creador del romano), Mekare, Armand, Pandora y Santino. El vampiro pelirrojo es incapaz de hacer nada contra Maharet, agobiado por sus contradictorios sentimientos, pero probablemente desplaza la ira que contiene hacia Santino, exterminándolo en buena media porque lo ve como lo más justo luego del dolor que le hizo pasar a su ahora amigo Marius. En medio del caos despertado por la muerte de un vampiro en manos de otro, lo cual está determinantemente prohibido, se saca los ojos y se los ofrece a Maharet (en la leyenda de las gemelas del libro La Reina de los Condenados, se explica que como parte del castigo por su rebeldía, a Mekare le arrancan la lengua y a Maharet los ojos; esta última tiene que continuamente cambiar de órganos visuales pues le duran útiles sólo tanto tiempo como el que tarda en caducar el tejido mortal de las víctimas de quienes los roba) como símbolo de su amor y después le pide que lo encadenen con los mismos eslabones que contuvieron a Lestat en el pasado, que ahora nos enteramos, son confeccionados a partir de los cabellos de la mismísima Maharet.

Fue para mí una decepción muy grande ver que Rice no siguiera con la línea de la guerra contra la Talamasca y más bien le redujera la importancia al asunto, resolviéndolo en dos o tres párrafos platicados en retrospectiva. No obstante, El Santuario (del inglés Blackwood Farm [!]) se convirtió en mi novela favorita de los últimos tiempos, todavía más favorita que Lestat el Vampiro en la actualidad y probablemente tanto como ésta lo fue en su momento. El protagonista aquí es Tarquin Blackwood, quien cuenta su peculiar historia a un ahora despersonalizado Lestat, con la esperanza de que le pueda ayudar a deshacerse de un espíritu muy peligroso que le ha rondado desde que tiene memoria. Se introduce un cuantioso número de personajes nuevos en esta entrega de las CV y francamente para lograrla se pudo haber prescindido del todo de los que ya conocíamos anteriormente. Tarquin es el heredero de un grandioso legado de noble linaje y de recursos económicos en forma de una extensa propiedad conformada por pantanos, granjas y un palaciego casa-hotel turístico, en donde vive y convive con una familia algo extravagante. Tarquin me enamoró como Lestat en sus tiempos dorados, siendo un sujeto sumamente pasional que no podía callarse nada de lo que pensaba y sentía, ni siquiera lo que extrasensorialmente experimentaba, aunque nadie le creyera; lo anterior me pegó muy fuerte por el lado de cómo me gustaría ser: ese hombre deshinibido que en charla de sobremesa, a los 16 ó 17 años, le explica a su adorada tía cómo perdió su virginidad con la fantasma de la amante de su tatarabuelo apenas minutos después de que ocurriera, como si hablar de sexualidad con la familia fuera lo más natural del mundo u.ú. Tarquin era valiente, dispuesto a pelear por lo suyo y por las personas que le rodeaban, a quienes amaba sin reservas: Jasmine, Gran Nanane y la Gran Ramona, una familia de mujeres de color que desempeñaban funciones de trabajadoras domésticas pero que significaban para él mucho más, sus abuelos Pops y Sweetheart y su tía Queen, entre otros. Fue, de niño, desinteresado e incapaz de entablar relaciones con otros de su edad, en primera porque era brillantemente adelantado y luego porque Goblin, su aparente amigo imaginario que era igual a él, le bastaba de compañía y resultaba perturbador para la demás gente, que por lo mismo prefería alejarse. El fenómeno de Goblin es central en la trama, y en gran parte de esta entrega se debaten los personajes en averiguar si es una fantasía proyectada del protagonista o si de verdad existe, como espíritu, y es únicamente observable para él. Llegado un punto en la historia Tarquin conoce a Mona Mayfair, una bruja adolescente (aunque con el mismo apellido y legado, completamente ajena a Merrick) que de hecho puede ver a Goblin; es también una enferma terminal pero no por ello menos guapa y encantadora, de la cual se enamora perdidamente y a la que le pide se case con él tan pronto el encuentro ocurre; a partir de aquí estos dos se la viven en sórdido romance hasta que Mona cae irremediablemente enferma y es aislada por completo del mundo exterior por su familia, momento en el que al fin tía Queen convence a Tarquin de viajar a Europa a “conocer mundo”. De regreso a Blackwood Farm tiene finalmente lugar el último día del joven como ser humano, cuando Petronia, un antiguo vampiro hermafrodita que vivió la catástrofe de Pompeya y el Vesubio, le otorga el don oscuro de forma muy peculiar (obligándole a beber la sangre de su pseudo pene) luego de divertirse propinándole una violenta golpiza; Petronia compartía con Tarquin, sin que fuera la voluntad de éste ni estuviera enterado de la naturaleza de ella/él, un santuario privado que hace más o menos un siglo el tatarabuelo Blackwood construyó allá entre los pantanos más alejados de la propiedad, y se había presentado en varias ocasiones en el casa-hotel, de pronto como mujer y de pronto como caballero, ganándose la admiración y miedo de los habitantes de éste. Petronia es la segunda madre desnaturalizada de la que Tarquin es sujeto a un sinfín de maltratos, con una personalidad que reúne y magnifica histriónicamente la ira de Marius, la transgresividad de Lestat y la miseria de Armand. Digo segunda ya que la madre biológica del protagonista, Patsy, nunca se hizo cargo de él y lo odió ferozmente, porque fue parte de un embarazo no deseado y porque literalmente chupó la vida de su gemelo en el vientre. De esto último nos enteramos hacia el final del libro, hecho que Merrick Mayfair saca de los labios de la trastornada Patsy, lo cual responde al origen de Goblin y a su impresionante semejanza con Tarquin. Lestat y Merrick participan en una pira ritual que finalmente guía a Goblin hacia la luz, y tan pronto ocurre, sin previo aviso, la bruja vampiro se inmola en la gigantesca llamarada, dejando a su lloroso acompañante atrás. Lestat sufre y yo con él, por la impotencia y desasociego que le causa, una perder a quien se había convertido en una muy grata compañía, y dos el hecho de que Tarquin asegura haber visto a Merrick y Goblin dirigirse hacia Jesús, pero él no alcanza a apreciar más que la luz cegadora como el destino de éstos. Me parece que Lestat queda con un sabor amargo luego de haber escuchado la historia de Tarquin y ser tan sólo efímeramente parte de ésta, teniendo que regresar a sus mundanas andadas tan pronto el asunto del espíritu se resuelve. Para nuestro consuelo, Blackwood Farm concluye con una agonizante Mona Mayfair escapándose del hospital y su familia para llegar a morir en brazos de su amado, lo cual, desde luego, no sucede, siendo las últimas líneas del libro un “Sí quiero” de ella respondiendo a la petición de convertirse en vampiro, viniendo tanto de un nuevamente entusiasmado Lestat como de un enamorado Tarquin. Antes de pasar a la última entrega, por aquí dejo un fragmento que me súper fascinó, de la primera vez que el protagonista se encuentra con el mítico vampiro francés.
Recobré rápidamente el equilibrio. Lestat, con los ojos fijos en mí, no tenía la menor intención de desviar la mirada. No obstante, le miré de arriba abajo porque no pude remediarlo, y porque era tan impresionante como siempre se le había descrito, y porque quería verlo, lenta y pausadamente, aunque fuera lo último que viera en mi vida.

Cánticos de Sangre (libro 10) es extraordinariamente distinto al resto de las CV, y al mismo tiempo está lleno de los clichés que caracterizaron la saga. Es distinto porque no es interesante per se, como sí me parecieron todos los demás libros; es intersante sólo porque de nuevo Lestat es el protagonista, dándonos la oportunidad de ver por última vez las cosas desde su peculiar perspectiva. (Aunque como ya dije y pronto entenderán por qué, el último libro que de hecho escribió fue Memnoch, el Demonio.) Tantas entregas sin ver directamente la evolución de esta perspectiva nos introducen a un Lestat algo extraño, pero que en esencia sigue sufriendo por su maldad intrínseca. Este vampiro ahora desea ser “santo”, cosa que nos recuerda una y otra vez; desea compararse con Juan Diego, al que menciona ad nauseum por todo el bendito y puto libro. La historia, aunque retrasada por la introducción del nuevo Lestat, toda una crítica sociocultural que éste hace y que desencaja profundamente con lo que se venía viendo de la maestría narrativa de la autora y hasta una visita del vampiro al papa, inicia justo donde se quedó Blackwood Farm. La nueva compañía de Lestat es Mona y Tarquin, unos alumnos neófitos con un montón de cosas por aprender, aunque en muchas ocasiones me parece que es más bien el maestro quien debe aprender de ellos. Como por fin Mona goza de salud después de tantos años incapacitada o al menos sumamente débil, decide emprender la búsqueda de la hija que tuvo con un Taltos (una extraña especie homínida que supuestamente evolucionó del homo sopiens y se apartó de los asentamientos humanos hace cientos de años) cuando no era más que una púber. Tarquin es en esta entrega un vampiro fuerte, capaz y dispuesto a conciliar las diferencias que se dan frecuentemente entre Mona y Lestat, admirador respetuoso de éste y todavía enamorado empedernido de aquélla; es también el guardián de su familia humana, a la que en su período vampírico del libro pasado nunca dejó de procurar pero de la que en éste comienza a separarse irremediablemente (en gran parte debido a la muerte de su lazo más fuerte: tía Queen, por obra de Goblin hacia el final de Blackwood Farm). Si Tarquin hubiera seguido protagonista en esta entrega, me parece que una cosa muy agradable y distinta hubiera sido para mí. Pero no, Lestat lleva la batuta y para variar, ésta le conduce a enamorarse de un nuevo ser bello, poderoso y enigmático: Rowan Mayfair, la madre sustituta de Mona. El amor que crece entre éstos no termina de convencerme, y menos cuando Lestat explica que es completamente distinto al que pueda sentir por un hombre, y que nunca experimentó nada más puro, haciendo finalmente una clara diferenciación, hasta despectiva, del romance homosexual y el heterosexual. El clímax de Cánticos de Sangre ocurre en una isla donde tienen prisioneros a los últimos Taltos, que son descendientes de Morrigan, la hija de Mona, con la compañía de Lestat rescatándolos sólo para encontrarse con unos seres cuya evolución aparentemente los dejó suficientemente distanciados de la humanidad como para que no se puedan establecer relaciones simpáticas entre ambas especies; bueno, también para que una sufriente Mona descance su conciencia sabiendo finalmente el destino que tuvo su pequeña Morrigan. El libro termina, por una parte, con Tarquin y su novia bruja vampiro alejándose de su hasta entonces maestro y recurriendo a Maharet para obtener nuevas enseñanzas de ella. Por la otra, con mi amado Lestat deseando convertirse en santo, obrando el bien por vez primera al resistir convertir a Rowan en vampiro, incluso luego de que ésta se entregara completamente a su voluntad; termina con Lestat confesando que probablemente siga siendo el mismo diablo para siempre, en tanto sigue cazando y bebiendo de los malvados para satisfacer su sed inmortal; termina no con Lestat ni ningún otro vampiro firmando tras las últimas líneas, sino, por única vez en toda la saga, con la auténtica rúbrica de Anne Rice.

Cuando estuve en psicoanálisis, que comencé a percatarme de la necesidad que tenía por ver surgir en mí la parte espiritual, vi una gran similitud en la evolución de esta nueva perspectiva con la que siguió Anne a lo largo de su vida. Ahora, analizándolo mejor, me parece que lo único que es realmente semejante es que tanto la de ella como la mía han evolucionado, porque lo han hecho de manera distinta. Por allá cuando leía Merrick, cuando estaba en terapia, ya estaba enterado, por lecturas en wikipedia y por seguir su página en facebook, de que en su larga carrera había pasado desde el cristianismo impuesto en su niñez hasta alcanzar por su cuenta el ateísmo en la juventud y adultez, más tarde estaba de vuelta ahora por convicción al cristianismo (aunque, curiosamente, justo después de la muerte de su esposo) y finalmente había renunciado públicamente a éste como religión institucional, pero también había anunciado que continuaría con su fe cristiana (es decir, la idolatría del amor al prójimo como punto fundamental de su ser) y su cercanía a la divinidad. En aquel entonces yo quería ver y saber más para en base a ello poder modificar mis creencias e ideologías, o acaso crearlas. Anne Rice me ofrecía un camino muy disfrutable e intersante que recorrer, muy ad hoc pues de antemano sabía más o menos por qué páramos me guiaría; de hecho ya hasta me había planeado la secuencia que seguiría: terminaría sus Crónicas Vampíricas, luego leería su autobiografía (que se llama Called Out of the Dark: a Spiritual Confession) y después sus dos libros cristianos... tal vez leería a continuación las brujas de Mayfair o sus nuevas historias de vampiros, pero eso ya era otra cosa aparte pues de hecho estas sagas están escritas más o menos por el tiempo histórico de las CV. No me quiero volver a la religión cristiana y no creo que pueda acercarme a la divinidad, en tanto que no creo que esté ni sea en ningún lugar; pero sé que algo bueno sacaré de la experiencia de Rice pasando por estos procesos, y como entiendo que tengo gran identificación con ella, seguramente de ahí me pescaré para obrar algunos cambios en la ideología que comienzo a formar.

Nunca imaginé, cuando recién agarré Entrevista con el Vampiro, cuando decía que leía como forma de entretenerme, distraerme y también para aprender a redactar mejor, que esta lectura me llevaría por un camino tan apasionado y revelador, que se convertiría después en una constante picada de costillas para recordarme que si me puse la etiqueta de relativista ideológico era para de hecho dejar mi pensamietno evolucionar y conducirme hacia nuevos horizontes, que al final, es decir actualmente, el leer y reflexionar sus secuelas (que me parece son todos los libros de Anne Rice y no sólo las CV) se tornaría para mí en un deber moral y en una necesidad espiritual.  



lunes, 2 de abril de 2012

Mi Vida Mañana

Venía con toda la intención de vomitar el cúmulo de sentimientos y sensaciones (en su mayoría angustiosos) que me me invaden, pero antes se me ocurrió leer la entrada pasada (Mi Vida Hoy) y fue así como me di cuenta que prácticamente todo lo que tenía que decir ya estaba dicho. No, no prácticamente todo, ha pasado mucho tiempo desde entonces, han ocurrido muchas cosas, algunas me han fortalecido y enseñado, otras tantas más me han lastimado, pero enseñado también. No todo está dicho porque lo que últimamente ha pasado en mi vida, aunado a la debilidad que implicaba mi vacío existencial, a mi carencia de filosofía, a mi insustancial sistema de creencias, ha terminado por quebrarme. No encuentro nada dentro del repertorio de salvavidas y pretextos que tenía en mi baúl del relativismo ideológico que me brinde un poco de cobijo. Estoy débil y herido en un páramo árido y hostil. ¿Dónde estás, mi baluarte, mi roca en altamar, mi fe? Me siento desesperado por aferrarme a algo, por resguardarme en algo.

Tengo esperanzas, aunque no sé de dónde salen; tengo fortaleza, aunque me siento ajeno a ella: no la reconozco cuando me invade. Mis esperanzas se proyectan a encontrar esa filosofía, a ver nacer ese sistema de creencias, a llenar ese abismo; mi fortaleza me lleva a seguir el sendero que ya he trazado más o menos para tales fines esperanzadores. Así es, ya tengo planes,y no obstante mi profunda tristeza he logrado empezar a realizarlos. Ya no me bastan las realidades estéticas y abrazables, ya no apunto solamente a lo material, pasional, terrenal. Anhelo una vida espiritual, aunque sigo ignorando si la quiero con un Dios o no. De momento no conozco otra forma de hallarla sino leyendo, pues no me atrae acercarme a los cultos religiosos.
Otra cosa que quiero es largarme de aquí, así que trabajaré y ahorraré tanto como me sea posible por unos dos años para empezar otra etapa de mi vida en un lugar donde pueda respirar con tranquilidad. Hace algunos meses había pensado que iría a una ciudad grande y progresista donde haría mi maestría en psicoanálisis para pronto retirarme a una, más modesta y tranquila, en la cual aplicar mi profesión, pero cercana para no dejar de ser parte del primer mundo ni de participar en sus adelantos (y para asistir a muchos conciertos), pero la verdad es que ya no estoy tan seguro de querer seguir con ese plan, igual y sí, igual y no.
Sí estoy seguro, por ejemplo, de que quiero terminar de editar mis novelas y cuentos y escribir unos cuantos más, aunque confieso, por más que lo quiera, no sé si vaya a publicarlos algún día.
Quiero estudiar botánica y zoología, y ya arranqué, dándole primero un llegue a biología básica para que no me digan y no me cuenten.
Quiero ganar mucho dinero para costear la vida de comodidades y belleza que sueño: el hermoso jardín, la hermosa casa, los largos viajes, los videojuegos, mis tarjetas de colección, las mascotas, la comida abundante, la caridad, el acceso a la salud, a la vanidad y a la tecnología; al fin tengo mi primer trabajo bien y aunque es temporal, algo así tipo por contrato, ya estoy buscando en qué más emplearme enseguida.
Quiero una pareja de toda la vida y quiero formar una familia con ella. Quiero sentirme respaldado por esta unión, protegido y amado; quiero desde luego, respaldar, proteger y amar recíprocamente. Quiero que mis hijos crezcan sin la incertidumbre que siempre me ha aquejado: que sepan que lo que espero de ellos es amor y nada más, expresándolo hacia donde deseen y como lo deseen; que se sepan mi orgullo no importando nada, que se sientan aceptados no importando nada.
Quiero trascender, ser eterno, quiero que mi conciencia no se pierda, ¡le temo tanto a perderla! Quiero mi vida espiritual, quiero regresar a psicoanálisis. Tristeza, fortaleza, vacío y esperanza, vaya combinación.
Tan tan por ahora.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Mi vida hoy

¡Qué de días le he rehuído a esta entrada! Puedo poner mil pretextos pero ninguno de ellos será, ni remotamente, más cierto que el terror que le tengo a empezar a darle forma escrita al recuento de los daños del 2011. Me dan hartas ganas de tontear en facebook, de seguir viendo imágenes random, de irme a acostar, hasta de continuar mis novelas.
De pronto siento que tengo que tocarme una mano con la otra para saber que soy Eddy (sin tilde en la E), para darme cuenta de que la persona que lleva este cuerpo existe realmente, y me da algo de miedo que aquella acción no resulte para tal efecto, que aun pellizcándome no me termine de despertar. Estoy inmerso en una cosa que le llaman desamparo creativo, sólo que particularmente en este momento no me siento tan creativo. ¿Se acuerdan de la entrada "Desnudez" (scrolleen un poco hacia abajo si no)? Bueno, pues la verdad es que todavía me siento desnudo, todavía no hallo las ropas adecuadas, todavía mis heridas están abiertas y la carne a flor de piel. Me siento un manojo de humanidad viviendo a merced de las circunstancias y al mismo tiempo un vasto cuerpo de conocimientos, poderoso pero sin un enfoque personal. Me siento eco de los todavía lastimeros gritos que han ido matando al Eddy que ha ido marchitándose, aunque a veces los nuevos y prometedores retoños de mi cuerpo sean ni más ni menos que más de lo mismo que siempre he sido, pero que en nombre de mi descaro pregonan novedad.
Probablemente sea sólo este momento el que me indica que enunciar todo aquello que logré, viví y adquirí el año pasado resultaría sintético, engañoso. Siento que me hace falta un matiz fijo, una posición desde la cual juzgar.
Tal vez desee quedarme así de aturdido por un montón de días más. Al mismo tiempo, otra parte de mí quiere darle ya una actualización a mi perfil de blogger, que desde hace más de medio año está pendiente de definir. Y créanme que si empiezo a enumerar las cosas que me gustan, las acciones que llevo a cabo día con día, las creencias que en este momento tengo, las características de mi cuerpo, mis posesiones materiales e intelectuales, los sentimientos que me dominan y los anhelos y temores que acompañan mis noches, sacaría de hecho la descripción correcta de Eddy. Es más, ya tengo todo eso en mi preconciencia, sólo basta traerlo a la conciencia con un poco de voluntad y gramatizarlo. ¿Pero saben qué? Lo más seguro es que no esté contento con el resultado y que por tanto no quiera revelarlo.
Lo cierto es que no me termino de gustar y me causa pavor tampoco gustarles, siempre me ha lastimado no ser lo suficientemente bueno, pues ni siquiera sé qué es lo que espera el mundo de mí. Dios... bueno, ya empecé a vomitar al inconsciente... mis papás nunca dejaron en claro qué era lo que esperaban de mí, así que por eso me resultaba cómodo pensar que mi vida era como un velero en mar abierto; que sólo era cuestión de alzar la vela y ver adónde me llevaba el viento, total, no existía un propósito claro para mí y tenía la feliz creencia de que lo que viniera sería bueno, por ello no creía en las metas y cuando comencé a ponérmelas (porque todos lo hacían) pocas veces las lograba del todo. Ahora que estoy libre de esta creencia (insertada a la fuerza, porque no me quedaba de otra para no lacerar mi autoestima, y no por convicción propia) pues comprendo su origen en mis sentimientos de incapacidad, ahora que sé que mi mamá ha manejado una filosofía similar (de nuevo, no por convicción) y que mi papá ha sido una figura débil y confusa a merced de sus propios sentimientos de inferioridad, depositando en mí grandes expectativas y al mismo tiempo saboteando mis intentos de alcanzarlas, amén de su eterna pugna por ser el mejor, inigualable; ahora soy libre de decidir hacia dónde voy, qué quiero ser y tener. Naturalmente, desamparado como estoy, desprovisto de una auténtica filosofía, me va a tomar tiempo decidirlo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Damas y Caballeros, it's over

Si bien no me sorprendió haber sido elegido para dar las palabras de la generación, modestia aparte, no por eso dejé de emocionarme al aceptar la tarea. No sé exactamente cómo funciona para otros escritores, pero a mí me gusta mucho trabajar por encargo: denme un tema, un formato, un número de páginas y/o cualquier otra característica que deseen en su producto y yo encantado de la vida hago mi redacción. En esta ocasión sin embargo experimento cierta contrariedad con la única característica que se solicitó en mi encargo: la extensión de media a una cuartilla. Resulta a la vez un tentador reto y una asfixiante limitante. Me parece casi imposible escribir (y leer a una audiencia) una reflexión tan pequeña que pretenda sintetizar tres años y cuatro meses de desafíos continuos, de desvelos y madrugadas, de interesantísimas lecturas, de decenas de ensayos e investigaciones, de aplicaciones de tests psicométricos y proyectivos y sus extenuantes revisiones e interpretaciones, de cefaleas a punta de memorizaciones sistemáticas para los términos médicos, de exámenes unos ridículamente sencillos y otros absurdamente difíciles, de la muy razonable preocupación por estar haciendo bien o no el trabajo con nuestros pacientes, que si salen adelante, si recaen, si les está siendo de ayuda la terapia. Tres años y cuatro meses también incluyen, desde luego, buenos momentos: las benditas salidas temprano, las carcajadas desinhibidas, las inolvidables frases incoherentes que consagramos, los inconfesables apodos de los maestros, la actividad extracurricular que algunas contadas pero memorables veces extendimos a fiestas y reuniones, el par de congresos nacionales a los que asistimos y de los que rescatamos maravillosas experiencias académicas y personales, las intensas pláticas subidas de tono, los cariños, abrazos y palabras de aliento que nos procuramos como amigos trascendiendo el compañerismo. Qué complicado es mencionar sin extenderme demasiado las frustraciones que desde ya hemos experimentado por conseguir un lugar que como profesionales, por poner un ejemplo, los médicos, tienen ya bien ganado; qué fútiles nuestros intentos por hacer a la sociedad comprender que un psicólogo no es un personaje enigmático que lee la mente y adivina cómo es la gente sólo de verla unos instantes, sino un científico más que trabaja a partir de realidades observables, que pone sus conocimientos al servicio de la salud. Aun con temor a que no quede más espacio en la cuartilla, no podría dejar de hablar acerca de lo intimidante que resulta envolverse en la lucha ardua e interminable por la comprensión de la conducta humana ajena y propia, y digo propia porque es ineludible hallarte de frente con tus propios demonios al estudiar psicología, y es de valientes continuar por esta línea, con la firme decisión de someterlos y volverte alguien mejor, libre de las influencias incapacitantes atascadas en tu historia, alguien más fuerte, más inteligente, más sagaz; pero también más sensible, más comprensivo, más consciente de las propias limitaciones, más humano. Qué mucho queda por decir y qué poco espacio hay en esta hoja. Qué ilusión, qué terror, qué mezcolanza de sentimientos se nos apresuran en el pecho al concluir esta grandiosa etapa. Qué ganas de agradecer a mis papás el privilegio de haberme concedido tan preciada carrera, a mis maestros de acompañarme y guiarme por sus senderos. A todas mis compañeras, les deseo sin reservas, el mayor de los éxitos y también la mejor de las suertes. Gracias.



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Ea, ahí tienen la premiere de mi discurso de generación. El estreno nacional será este 8 de Diciembre a las 10 de la mañana en la UVM.