Desde que empecé mi psicoanálisis en terapia, hace ya 4 meses, las concepciones que tenía de mí mismo y el mundo han sido unas revolcadas y encauzadas, otras confirmadas y mejoradas, y las demás cruelmente destazadas pero han empezado ya un proceso de reestructuración, o están del todo reconstituidas en el mejor de los casos. ¡Qué poco sabe una persona realmente de sí misma si no ha dado cuenta de los mecanismos inconscientes que le hacen pensar, actuar y sentir! Qué equivocado se puede ir por la vida, o mejor: qué ignorante. ¡Cuánto puedo ver ahora al cruzar unas cuantas palabras con gente desconocida, al platicar con mis amigos, al convivir en familia! ¡Qué maravilla encuentro en la selección de las palabras que conforman sus discursos, en sus pausas, en el tono, en la expresión corporal que acompaña todo! ¡Con qué ojos distintos admiro a mis semejantes! Porque sí, los admiro, los admiro por el mundo de experiencias que son en su interior y que irrevocablemente se refleja en cada una de las decisiones que toma en su vida, de las cosas que le gustan, de aquellas que detesta, las que omite.
¡Qué terrible y tenebroso es a la vez todo esto...!
Y es que sí, al mismo tiempo siento temor de continuar por esta línea, porque al final es como si todo fuera a quedar desnudo, incluido yo mismo. Entiendo perfectamente a aquéllos que desean conservar ocultas las revelaciones de su vida, a aquéllas que deciden permanecer ignorantes de su inconsciente, que anhelan alcanzar el crecimiento personal por medios menos angustiantes, al cabo ineficaces. No desean saber de sí mismos por insoportables que son sus propias revelaciones, o porque algunas, una vez desveladas dejan a su vez desprovistas de belleza y magia sus vidas. Como cuando nos quitamos la ropa que nos cubre, nos protege y nos adorna para descubrir la naturaleza que somos, que excita; y como dejar de llevarla indefinidamente ha de saciar la excitación producida por la otrora contemplación efímera de la desnudez esporádica. Más o menos así se siente: al traer el inconsciente descubierto la poesía que emergía de sus disfraces es reemplazada por una realidad más áspera que bella, una realidad que no excita ni seduce. Sin embargo, esta fase cruda no se trata más que de eso, una fase, un período estacionario.
Así como el viejo que se adaptó exitosamente a la vida no se avergüenza de su cuerpo y puede encenderse con el de su pareja de siempre, así será al final. No se descubre al inconsciente para dejarlo indefenso, desprotegido y maltrecho. Se hace para, en su vulnerabilidad comprenderlo y abrazarlo, y sólo luego volver a vestirlo, pero no ya con un disfraz, sino con lo que conscientemente hemos decidido llevar, con la ropa que le queda justa y le hace lucir tan atractivos como somos en realidad, ni más ni menos.
Lectores estimados míos, no he venido hoy con estas líneas por azar, sino, porque como de costumbre hay algo que me rasca las entrañas y que anhela ser puesto en orden. Ahora que gran parte de mi vida ha quedado desnuda en terapia, que mi inconsciente está con la carne viva, me dan ganas de retroceder, en el último intento de éste de retomar el control con sus artificiosos disfraces. Pero no hay vuelta atrás, la verdad es que lo que empecé hace 4 meses es al final un proceso de reestructuración, y saldré de esta más fuerte que lo que nunca fui, aunque tenga que romperme la cabeza en el camino, aunque partes de mí se hayan desgastado, aunque me sienta débil, aunque mi identidad se sienta violada y pisoteada. Prefiero mil veces lacerarme las ideologías a ver qué queda de ellas a volverlas un monumento viviente que se erija plantado en el tiempo, con inscripciones que al cabo de unos años sonarán anticuadas.
1 comentario:
Y bueno, primeramente quiero agradecer tu comentario, pues me ha resultado realmente motivador...no sé si la hubiera seguido en realidad, pues aún no defino lo que me interesa...o si en realidad me interesa lo que creo.
He revisado algunas de tus publicaciones y sin querer sonar (o redactarme) aduladora, debo decir que me han encantado, pues puedo ver perfectamente tus ideas. Es como si las sintiera, no que fueran mías también...si no que de alguna manera puedo comprenderlas.
Felicidades Licenciado por su reciente graduación, y por ser poseedor de tan maravilloso don, ése misterio divino del escritor.
Un gran saludo y un gusto leernos, Alex.
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