viernes, 14 de diciembre de 2012

Ever Dream


¿Recuerdan que andaba yo perdido, sintiéndome un desvalido moralmente vacío? Pues bien, algo de eso ha cambiado. No me siento del todo listo o acaso con derecho para decir que sostengo ahora alguna ideología, pero al menos creo que mi relativismo ha muerto casi en su totalidad. 
Les había contado un poco ya, en mi entrada Mi Vida Mañana y aparte otro tanto en la del legado de Anne Rice, con respecto a la línea que seguiría para echarme a mí mismo al hombro y sacarme adelante; les había contado de la biblioterapia en la que me sumergiría y de los planes laborales y geográficos que tenía, de los sueños que me acompañaban. Como siempre, las cosas no resultan justo como las planificamos, unas salen mejor y otras peor de lo que pensamos.
Una vez que terminé las crónicas vampíricas, me pregunté seriamente cómo le haría para conseguir el libro autobiográfico de Rice. No lo encontré en las páginas de las librerías importantes del país, como para encargarlo, y tampoco quería bajarlo ilegalmente. Luego me puse a investigar al Kindle de Amazon, ese aparatillo maravilloso para leer ebooks, y desde luego, la versión americana del libro que buscaba se encontraba en su vastísima librería virtual. En ese instante empecé a decidir que quería un Kindle, idea que me fascinaba pues implicaba  varios pájaros de un tiro: no consumía más libros de papel (lo que significa más árboles en el mundo), recibía algunas bondades de la tablet con un porcentaje bajísimo de uso de energía y de paso me actualizaba aunque fuera un poco en tecnología (todavía no le entro a los androids ni a lo touch mucho menos x.x); aparte era una inversión que en cierto grado me obligaría a mantener el hábito de la lectura más que fresco. Total que con esa compra en la mira me hice de una cuenta bancaria en banamex y de una tarjeta que supuestamente me permitiría hacer todas las transacciones financieras electrónicas que fuera a ocupar en adelante, y es que habiéndome yo iniciado con buen paso en el mercado laboral, parecía que iban a ser muchas. Pero luego se me hizo más que complicado juntar el dinero necesario para el Kindle y además no bajar del saldo mínimo requerido para que mi cuenta no generara comisiones; nunca de hecho fui capaz de hacer la compra, en parte por eso, en parte porque el trabajo como evaluador psicómetra que tenía en aquel entonces se volvió muy inestable, y en parte porque Saya enfermó de las articulaciones.
A la fecha, mis estimados, no he leído el tan añorado libro. Encontré casi por casualidad otra línea biblioterapéutica que seguir, sin embargo, entre mis archivos de la universidad. Tener y Ser, de Erich Fromm, se convirtió en un libro que arrojó más luz sobre mí de la que hubiera previsto. Es de esos libros que Franz Kafka dice que valen la pena leer, de ésos que te apuñalan, que te hieren y rompen los océanos congelados que llevas por dentro, o al menos ésos fueron los efectos que a mí me causó. Solía llevar una lista en Word de las cosas que quería comprar, y a partir de este libro he dejado de actualizarla; cada que veo el archivo sólo sonrío y me niego a abrirlo. ¿Es acaso perder el gusto por lo vano y material un cambio demasiado grande para que lo haya realizado tan fácilmente? Desde luego, y es también forzado, no hay todavía una espontaneidad en mi conducta. Lo que más trabajo y rotura de sesos me ha costado es dejar las cartas de pokémon; ahora estoy resignado (se escucha feo, pero es la palabra que mejor lo describe) a sólo hacerme de tarjetas usadas, de vez en cuando, en lugar de comprarlas nuevas de paquete cada que tuviera la oportunidad. ¡Quiero dejar la huella más pequeña posible en el mundo en cuanto a los recursos que use de él! ¡Quiero dejar una muy grande con respecto a los beneficios de las acciones que forje en él! Quiero también algunos videojuegos, discos y dvds, y aunque por lo pronto me justifico pensando que serán artículos de vida útil prolongada que no harán gran daño al ecosistema, espero irme mudando paulatinamente a sus análogos virtuales, que por ser datos minúsculos apenas y tendrán un impacto. Al mismo tiempo, hay dentro de mí una parte diciéndome que qué ridículo soy, supongo que la misma que dice que los recursos del planeta igual extinguirán un día, que la Tierra es un instante de un universo implacable al que le va y le viene la vida que casualmente se desarrolló en otro de sus trillones de cuerpos celestes, la que dice que es inútil mirar al suelo para no pisar las hormigas al andar, la que no llora al ver las manchas de mariposas estampadas en el parabrisas. ¿Cuál será la parte que vale la pena en mí, la sensible, o la cínica? Es una pregunta muy fácil de contestar; es más bello ver la unicidad y fragilidad de la vida terrestre que su insignificancia. ¿Cómo le hace un espíritu sensible para no quebrarse al ver las muertes atroces de sus hermanos, acaso de las so-called criaturas inferiores con las que convive en la biota, al presenciar las injusticias, la carencia? ¿Cómo no verterse en la ironía y en la contumelia, o de plano en la depresión y la desesperanza? ¿Cómo no querer destruir lo que arrebata la inocencia, las ilusiones, la fe? Éstas son, mis afables lectores, preguntas de más difícil resolución. Requieren de una fuerza yoica muy poderosa, de una madurez casi total en la personalidad, no para ser contestadas en abstracto, sino para vivirlas en su contradicción, tan despiadada y humana a la vez. Hoy apunto hacia esa dirección, hacia esa constante resolución y resurgimiento de la paradoja. Vivir y disfrutar, perdonándose uno mismo cuando se lastima a algo o alguien más, actuando en consecuencia, construyendo y creando, deseando apenas poco más de lo necesario, entendiendo los motivos y razones que guían a los demás, sufriendo y llorando las tragedias, encolerizando en las injusticias y frustraciones, abrazando los triunfos y saltando y bailando en el gozo.
¡Pero qué difícil es pasar de la tragedia al gozo sin que queden remanentes, sin culpas! ¡Qué horrible es encontrarte en un estado de sobria tranquilidad y que la fragilidad de la vida te devenga encima! Que de pronto mi abuelita tuviera cáncer en un estado tan avanzado y nada pudiera hacerse para ayudarla, fue un puntapié a la esperanza y a la justicia. Que el mundo siguiera girando tan fácilmente cuando mi abuelita murió, este octubre, me pareció de lo más doloroso, de lo más ácido. Es repugnante que la vida continúe inmediatamente después de las tragedias, debería detenerse, debería de congelarse, debería colapsar hasta que todos estuvieran listos. Pensar en que después de la muerte de uno la gente puede de hecho estar lista para seguir su propia brecha, me parece lo más atroz en el universo. Ustedes ya saben los pedos que tengo con la muerte, ésos que parecen insuperables, los que no he podido abordar desde una perspectiva que me satisfaga, que al menos los aminore.
Y pues nada, que me volví devoto seguidor de Erich Fromm, y al cabo mi ex (novio en aquel entonces) me regaló un libro de él, El Corazón del Hombre, ¿y qué más que darle por esta nueva línea, que es humanista pero parte de bases psicodinámicas? ¿Que qué más? Pregunto, ¡pues la biología y la astrofísica! Contesto. Las ciencias naturales me atrajeron en estos tiempos mucho más de lo que nunca antes. Me prestaron un libro de Stephen Hawking, y aunque entendí poco menos de la mitad de los conceptos, puedo decir que aprendí un montón y que este hombre ha hecho bien su trabajo en inducirme a querer saber más de su campo. Por parte de la biología me aventé la sección de esta materia en una enciclopedia que tiene siglos existiendo en la casa, y recién empecé ahora el apartado de zoología. Wikipedia me ha estado dando muchas cátedras de las antes mencionadas y también algunas cuantas de física y química básicas (muy básicas todavía). Así que, en resumen, mi añorada espiritualidad la estoy encontrando por lo pronto y satisfactoriamente en el humanismo y la ciencia natural, en mis intentos de lograr una comprensión integral de la realidad a la que tengo acceso. ¡Y me he vuelto tan voraz con respecto al saber! ¡No tengo suficientes horas para leer y conocer todo lo que quiero, y peor aún, a veces tampoco suficientes ganas xD! En este año, aparte de Tener y Ser, El Corazón del Hombre y los 4 libros de las crónicas vampíricas que me faltaban, también engullí Freud para Principiantes, El Psicoanalista, El Castigo de la Bella Durmiente, El Rapto de la Bella Durmiente, El Universo en una Cáscara de Nuez y releí De Perfil. Hace unos días empecé Miedo a la Libertad, otro de Fromm que me prestó mi jefesón.
¡A que ni saben quién terminó de escribir una novela en la que llevaba unos seis años trabajando! Ahora la estoy editando para finalmente publicarla en un futuro a mediano plazo. En noviembre participé en un concurso de cuento, cosa que ya sabrán me fascina; el escribir y entregar un producto con un cierto número y una cierta calidad de requisitos; será en febrero cuando sepa si ganó o no algo. También he continuado derramando mis dotes de escritorucho en otro par de proyectos que tal vez algún día verán la luz, pero que por lo pronto espero tengan a bien con sólo saber que van por buen camino.
¡A que ni saben quién se hizo de un novio después de unos dos años de soltería! La relación duró un mes, y todavía hoy me quedan algunos rencores, pero igual o más de momentos que atesorar. Creo que mi círculo de amistades se ha reducido un poco, pero en general mis gallos continúan cantando y espero lo hagan muchos años más (en verdad, y remarco: OJALÁ). Los quiero mucho, ya saben quiénes son.
¡A que ni saben quién vio y escuchó en vivo a Nightwish y a Floor Jansen una misma noche! :D No sobra que les diga que la dichosa tarjeta de banamex nunca me sirvió para un carajo (no la quiso ticketmaster cuando pretendí comprar los boletos por internet), y por si no fuera suficiente, luego me empezaron a cobrar una mierda de seguro que en la vida contraté, así que mandé a la verga a la jodida cuenta; ¡a salirle con sus pinches mamadas los hijos brujos de su puta madre a otro pendejo!
          Pues bueno, por lo pronto y por este año, yo creo que es todo lo que sabrán de mí. Seguro hay un millón de cosas más que no les he contado, tal vez no sean tan importantes y por eso se me han pasado, ¡o tal no se las quiera contar! ¡Ya vieron que es probablemente la entrada con más signos de admiración que he escrito jamás! ¡La oración anterior de hecho debió llevar más bien signos de interrogación…! ¡Hasta la próxima!

4 comentarios:

Nerea Ramírez dijo...

Este año ha sido loco para todos... me diste en el punto con la entrada, era lo que platicábamos en el autobús... y bueno, los renconres con ese vato, pues son normales, de hecho, hace unos días me confesé y pues saqué los rencores con mi ex vato... pero bueno, ya sabes que cualquier cosa aquí estoy... y cuando uno se gradúa de universidad vuelve a leer mucho? dime que sí, porque me siento una naca D:

Éddy dijo...

Sí, de hecho me acordé del autobús un par de veces mientras escribía. :P
Pues al menos yo sí he leído considerablemente luego de la universidad, y hasta lecturas que pienso debieron meterme en el plan curricular, pero ni pedo, llegó el momento en otro tiempo. :P

Anónimo dijo...

:3 Nice senpai... primero, éxito en el concurso de cuento y... gracias por darte la vuelta en el viejo hectorishficers :3

Por otro lado te leo y me sorprendo del caudal de pensamientos que llevas jejeje (y me enteré que tenías novio D:) y las cuestiones que llegas a tener en cuanto al frágil ecosistema en el que habitamos... chale... me has puesto a pensar en dos o tres cosas.

Vale pues... Yo continuaré leyendo por acá.

Éddy dijo...

Viejo hectorishficers? Suena a que tienes nuevo blog *checa el nuevo blog de Hec... pero no hay entradas ._.*
Me encanta si puedo hacer reflexionar a alguien más, que aunque no es el propósito inicial, siempre me deja satisfacción. Gracias por pasar a leer y comentar Hec, traes todo. :3